El Infierno, para los moralistas, será una película de humor zafio y grosero, chabacana, llena de violencia gratuita y sexo explícito injustificado. Para miles de personas que viven inmersas en la guerra del narco en muchos estados del norte de México, Luis Estrada no ha hecho más que reflejar su día a día en una película que es casi un apunte al natural de la sociedad mexicana, los vicios de una clase política corrupta, capos omnipotentes y peones humanos capaces de las mayores atrocidades para salir de la pobreza y el desempleo.

Luis Estrada enfrentado a una velada censura

El film no ha pasado desapercibido en el país, habiendo recibido un primer castigo en forma de sutil censura con la calificación obtenida por parte de la Dirección de Radio, Televisión y Cinematografía, clasificación C autorizada solo para adultos. El asunto llegó hasta el Senado de la República nada menos, donde los senadores visionaron la película para determinar su calificación. De buen seguro la cinta haría incomodarse a más de un senador. Esta clasificación contrasta con la obtenida por películas norteamericanas que mostraban violencia explicita, pero que fueron clasificadas como B-15 para mayores de 15 años. El propio director calificó el hecho como “una total censura”.

Lamentablemente El Infierno no se exhibe en los cines del estado de Chihuahua, a pesar de que a diario sus habitantes se enfrentan en vivo a situaciones más violentas que las que describe la película. También la cadena televisiva Televisa, abandonó el proyecto por el contenido del largometraje, como parte de los problemas que superó la cinta para ver la luz.

Retrato de la guerra contra el narco

Desde el primer fotograma del metraje, El Infierno se convierte en un excelente mural, al más puro estilo de los muralistas mexicanos como Diego Rivera, que retrata de forma mordaz y descarada situaciones, personajes y realidades que a diario ocupan las páginas de los periódicos, desde la sección de política, pasando por la de sociales y por supuesto la nota roja o policiaca.

El protagonista, Benjamín García, alias El Benny, en apenas 145 minutos encarna a millones de mexicanos –es deportado desde Estados Unidos después de 20 años, asaltado en el autobús rumbo a casa, robado por un retén de soldados y afectado nada más llegar por la noticia de que su hermano era narcotraficante y fue asesinado- eso solo son los primeros minutos.

Personajes reflejo de una sociedad en descomposición

Los personajes que retrata de forma magistral van más allá de los estereotipos del mundo del narco –sicarios, capos, policías corruptos, federales a sueldo de los cárteles- sino que también aporta un reflejo de la sociedad en la que se mueven, con las hipocresías de los ciudadanos que desprecian a los criminales, pero no a su dinero manchado de sangre, que se santiguan después de robarle al cadáver de un ejecutado, sacerdotes que bendicen pistolas por un par de billetes o mujeres que desprecian a Benny cuando es solo un espalda mojada recién deportado, pero que se le entregan cuando se une a los Reyes.

Las escenas están sacadas de cualquier periódico de ese indefinido norte de México en el que discurre la historia. Pese a la crudeza de las imágenes y el distorsionante surrealismo de personajes y situaciones, este se convierte en hiperrealismo por la desgraciada cotidianeidad de las situaciones que reproduce.

La cruda realidad para miles de mexicanos

El Infierno no contiene moralinas, ni exalta al narco pese a la parafernalia desplegada, tan solo es un espejo en el que la sociedad mexicana se ve reflejada de manera incómoda. El director considera que en el Bicentenario, México no tiene nada que celebrar, porque México se ha convertido en un infierno, como dice Cochiloco, uno de los principales personajes. De forma reiterada se critica en la película la guerra iniciada por el Gobierno Mexicano contra el narcotráfico, la cual se reitera en la cinta “vamos ganando, aunque no lo parezca”.

El director de El Infierno

Luis Estrada nació en la Ciudad de México en 1962. Estudió en el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos y el Centro de Capacitación Cinematográfica. Inició su carrera profesional como director, productor y escritor en 1989. Con su película El Infierno culmina una trilogía de crítica social y política, llena de humor negro y que está conformada además por La Ley de Herodes (2000) y Un Mundo Maravilloso (2006)