El director Edward Zwick, conocido por buenas películas como "Diamantes de sangre" o "Leyendas de pasión", consigue sacar de un guión, que no es excelente, una buena y entretenida película. Mezclar géneros siempre es arriesgado y aunque este film tiene hechuras de comedia romántica introduce muchas dosis de drama médico y algunas escenas de sexo que bien parecen sacadas de una cinta erótica. Es una película con grandes momentos y cuyo mayor problema es que quizás podría haberse logrado un producto aún más inteligente y profundo.

Introducir a los visitadores médicos como hilo de la historia es algo que, al menos, es original en este tipo de historias. La parte dramática se basa en la enfermedad de Parkinson, que sufre la joven protagonista. La pastilla azul más famosa del mundo, la Viagra, es también protagonista de la película. El fenómeno que se desató cuando este medicamento salió al mercado no había sido el tema central de ninguna película importante.

Los protagonistas tienen química entre ellos

Jake Gyllenhaal (conocido por títulos como "Zodiac" y "Brokeback Mountain") y Anne Hathaway (presente en otras comedias como "Princesa por sorpresa" y "Guerra de novias") hacen una estupenda pareja en pantalla. Ya habían coincidido en "Brokeback Muntain" y parecen haber adquirido una cierta magia entre ellos. Las escenas de amor son creíbles y las de sexo también. Están muy bien en los momentos cómicos y también en los dramáticos.

Su historia de amor no es predecible, mostrando momentos en los que la sorpresa se convierte en sonrisa y la sonrisa en carcajada. Maggie y Jamie, que son los nombres de los protagonistas, recrean algunas situaciones basadas en una historia real; lo que hace su historia aún más interesante.

El mundo de las farmacéuticas de fondo

Las técnicas de venta de las empresas farmacéuticas y las tretas de los visitadores médicos para lograr imponer sus productos son el telón de fondo de la historia. La importancia del Prozac como medicina estrella y la irrupción de la Viagra dan mucho más juego en la pantalla del que podría parecer en un principio. Gyllenhaal se mete mucho en su papel y lo hace muy tridimensional, evitando ser simplemente un payaso o un tiburón de la empresa.

La parte dramática no desentona

Meter en el guión a una joven enferma de Parkinson y vender en varios diálogos lo más crudo de la enfermedad es una técnica muy arriesgada en una comedia romántica, pero el director lo hace muy bien para no pasarse ni un centímetro de la delgada línea roja que separa una película interesante de un producto imposible de disfrutar. Introducir esas gotas de llanto puede atraer a quienes no sean adictos a la comedia romántica, aunque esta película está básicamente diseñada para consumidores habituales de risas y amor.

Grandes secundarios

Una película no está completa si sus secundarios no están a la altura. Josh Gad (un cómico formado en el teatro que ha triunfado en cine y televisión) está sublime en el papel de payaso que le asignan. A veces tiene situaciones un tanto exageradas, pero es el auténtico motor de la carcajada en la película.

Oliver Platt (muy habituado a no ser el protagonista) demuestra sus mejores dotes en un papel muy profundo y lleno de vértices.

El resto de secundarios forman un coro suficientemente silencioso como para dejar a los protagonistas que se luzcan, pero están muy serios en sus papeles, y son fundamentales para el desarrollo de la historia. Desde el más duro de los visitadores médicos, capaz de usar la violencia, hasta la secretaria atontada que es engañada por el ligón de turno, ninguno de los personajes sobra. Todos forman un grupo que ha logrado una buena película en un género menor, lejos de las grandes producciones y de los grandes títulos, pero muy adecuado para una tarde de sábado en un cine de barrio.