El tiempo existe en el arte. Nos expone al momento propio, nos cambia los pareceres de aquello que antes nos fascinaba y, por último, nos llena de prejuicios temporales a la hora de descubrir nuevas obras. Es inútil rebelarse: se trata de las reglas del arte. Donde habita el diablo sufre la tercera, la que sostiene que lo mismo que ya fue hecho con anterioridad no es más que una copia ¡Pero si mi puerta que se cierra sola es igual a la de Poltergeist! ¿Por qué aquélla es una genialidad y la mía no tiene valor alguno? Reglas...

Donde habita el diablo, película producida por Rodrigo Cortés

Carlos Torrens dirige Donde habita el diablo con la tranquilidad de saberse acogido por Rodrigo Cortés, el director de aquella original Enterrado (ver crítica), una audaz apuesta rodada exclusivamente dentro de un ataúd.

Pero a diferencia del film prohibido para claustrofóbicos, la cinta de Torrens carece del motor primario: una idea. Es cierto que millones de veces se ha dicho que las películas no se hacen de ideas sino de escenas bien filmadas, pero claro, al menos una de éstas se tiene que haber colado en el hueso a la hora de la concepción del film.

Sinopsis de la película

Filmada en clave de falso documental y sin una explicación extranarrativa que la justifique, Donde habita el diablo comienza con la llegada de un equipo de “cazafantasmas” a una casa donde las ventanas se abren solas, las luces se apagan sin que nadie accione los interruptores y los cajones se empecinan en golpearse los unos a los otros. Con el correr de los minutos la película se dará tiempo para presentar un conflicto familiar no resuelto. Y tras la presentación llegarán los momentos de mayor tensión y algunas escenas bien resueltas, incluso con mayor dramatismo y acción que las que entrega la saga Actividad paranormal. Algo poco habitual en los filmes de terror: los minutos de Donde habita el diablo prometen una explicación a aquello que estamos viendo; esto es, sin duda, lo más destacable que la película tiene para ofrecer.

Donde habita el diablo, crítica de la película

No tiene sentido estirar mucho más las conclusiones. Aquellos fans del falso documental encontrarán un film correcto, sin fallas. Incluso, y como corresponde al género, hasta las actuaciones, siempre a cargo de actores de poco renombre, están creibles y acertadas. Pero también encontrarán imágenes demasiado conocidas. Poltergeist y la reciente La noche del demonio (ver crítica) aportan escenas enteras reproducidas casi al calco. Y si la audacia se supone por lo novedoso en la forma escogida para rodar, será bien oportuno recordar que ya han pasado trece años del estreno de El proyecto Blair Witch, película que hizo masivo al subgénero falso documental.

Cámaras infrarrojas. Detectores de movimiento. Grabadores de frecuencias alternativas. Y muchísima cámara en mano. En fin, nada nuevo bajo el sol.