Hay gente que se ha desmayado en el cine… esto no es arte… es una degradación de la mujer… la película debería ser confiscada y quemada”. Estas declaraciones de un espectador en el pasado festival de Sundance, que fueron recogidas en un video que corre por internet, se refieren a The Woman (2011), una de las obras que más están dando que hablar en este año.

Lo último de Lucky McKee, director de May (2002), ocasionó desmayos y mucha incertidumbre en el festival creado por Robert Redford. Este spin off de Offspring (2009), basado en una novela de Jack Ketchum, nada con soltura entre el horror más extremo y la provocación menos gratuita.

Argumento de The Woman, de Lucky McKee

Chris Cleek (Sean Bridges) es una padre de familia muy orgulloso de serlo, el hombre que cuida de sus hijos y de su mujer y que sienta las bases del comportamiento de todos. Su esposa, Belle (Angela Bettis), es un ama de casa obediente, fiel y conservadora casi por obligación. Cualquier rebelión ante la superioridad masculina de Chris traería consecuencias dolorosas.

Chris, en una de sus salidas para cazar en el bosque, se encuentra con una mujer salvaje (Pollyanna McIntosh, vista en Exam), mugrienta, ininteligible cuando habla…y sexy. El cazador no se lo pensará dos veces; la secuestrará y la encerrará en el cobertizo. Belle, sus dos hijas y su hijo Brian (el cual es un remedo de su padre) aceptarán por la fuerza al nuevo miembro de la familia. Un miembro que será torturado y violado.

Más allá del torture porn

Al analizar una película siempre queda la duda de si las lecturas que se infieren corresponden a las pretensiones del director o son fruto de la casualidad. La tarea del crítico es exprimir el discurso puesto en pantalla, aunque sea un discurso no nacido de la voluntad del director pero sí del subconsciente, de su intuición: de parte de su identidad al fin y al cabo. No se sabe muy bien si Lucky McKee es misógino o no (tal y como comentaba el airado espectador de video de Sundance) pero su película no refleja ningún odio al sexo femenino, siendo además este último el que sale ganando.

The Woman podría considerarse como la versión mainstream o comercial de Antichrist (2009) de Lars Von Trier, entendiendo aquí “comercial” como un producto comprensible en cuanto a historia y con convenciones narrativas no muy difíciles de seguir. La dirección es en su mayor parte elegante, y el uso de canciones pop (lo que más chirría del film) hacen que el film casi parezca un film de sobremesa.

Pero al igual que el realizador danés, la cinta de McKee es una película visceral, literal y figurativamente, y también utiliza video digital para su filmación. El norteamericano pone toda la carne en el asador y ofrece un producto no apto para todos los públicos. Incómodo de ver por el gore más sangriento y por mensajes intermitentes, pero con significados perturbadores, que se visten de moraleja y que desvelan mucho más que cualquier simple torture porn.

El hombre y la mujer en The Woman

El tema principal de The Woman no es la misoginia sino el adiestramiento de las ideas más primitivas y oscuras del ser humano. El hombre en la obra de McKee es un ser obsesionado con el sexo, hambriento de poder y superioridad y violento por naturaleza. El hijo como el padre y el padre como el hijo.

Chris da rienda suelta a su líbido indómita (agresiva como toda líbido); un deseo animal que arrastra al protagonista hasta sus destructivos actos y en los que siempre le acompaña una media sonrisa. Una sonrisa tan falsa como la aparentemente conservadora vida del maltratador.

Cuando Brian pierde al baloncesto contra una chica del colegio él se siente desencantado y se venga con un chicle en el pelo. Es una reacción normal si se tiene en cuenta la imagen que el padre proyecta sobre su vástago. El progenitor también se venga de la mujer salvaje por haberle mordido la mano, le dispara junto al oído, afirmando con pasividad “ahora me siento mejor por haber perdido el dedo”. De nuevo lo primitivo, la venganza.

La mujer, por otra parte, se mueve contradictoriamente entre la insubordinación -un canibalismo literal y metafórico- y la generosidad sexual ante el macho. Véanse las escenas en la que la hija pequeña pide a su madre unas galletas con forma de hombre o la forma de vestir provocadora de la profesora del instituto.

Todos son culpables en The Woman, y la catarsis final con un relativo happy ending es más un compasivo regalo al espectador femenino que una conclusión lógica.

La escala del terror

La película va progresivamente subiendo en la escala del terror. La primera bofetada del marido a la esposa y el primer mordisco de la salvaje a su raptor son tan solo un aviso de lo que vendrá después.

Los movimientos lentos, lentísimos, de Belle aumentan la sensación de frustración de la audiencia, como ese querer correr y no poder de nuestras pesadillas. Todo frena las ansias de justicia en el espectador, desde la impotencia al ver a la chica salvaje presa por las cadenas hasta el largo capítulo correspondiente a la muerte de la profesora de la hija mayor de los Cleek.

Decía Fritz Lang que todo arte debe criticar algo, y The Woman lo hace, de principio a fin, sin puntos vacíos y con mucha más claridad que A Serbian Film, por poner un ejemplo de cine polémico en el último año. También decía David Cronenberg que el arte no debe arrodillarse ante florituras de puesta en escena o al fácil influjo de lo “bello”. McKee se salta las normas para dar un discurso necesario y sin florituras sobre la sociedad en la que vivimos.