El director alemán Dennis Gansel trata de recuperar el cine clásico de vampiros con Somos la noche, de título original Wir sind die Nacht, comercializada internacionalmente como We Are The Night y ganadora del Premio Especial del Jurado en el Festival de Sitges de 2010.

Protagonizada por Karoline Herfurth, Nina Hoss, Jennifer Ulrich, Anna Fischer y Max Riemelt, la película intenta conciliar los típicos hábitos y tradiciones de los vampiros con las diversiones juveniles del mundo actual, utilizando como plato principal los excesos, las drogas, el alcohol y el sexo.

Sinopsis de Somos la noche: vampiras de discoteca

Tras un inicio impactante, que muestra los restos de una orgía vampírica, en el interior de un avión en pleno vuelo, por parte de un trío de vampiresas tan atractivas como peligrosas, el argumento se centra en Lena (Karoline Herfurth), una adolescente problemática, en libertad condicional, que trata de sobrevivir en las calles de Berlín mediante sus habilidades como carterista.

Una noche es mordida por Louise (Nina Hoss), líder del trío vampírico antes mencionado y se convierte en una vampira más. Con su nueva vida, al principio disfrutará de todo tipo de satisfacciones y lujos. Pero poco a poco irá descubriendo la maldición que implica vivir a costa de la muerte de seres humanos, lo que la envolverá en un serio dilema.

Dennis Gansel se pasa a la moda vampírica

En los últimos años los vampiros se han puesto muy de moda, tanto en novelas, como en cine y televisión. Uno de los referentes son los relatos de Crepúsculo, llevados al cine con suma torpeza, dando pie a una generación de vampiros adolescentes, muy lejanos al mito original.

Pero ha habido otras vertientes, como la adoptada por la serie True Blood, que inserta elementos fantásticos en sus tramas o auténticos disparates en clave de cine de acción como Abraham Lincoln cazador de vampiros.

Hasta tal punto ha llegado la pasión por el público hacia los "chupa-sangres", que incluso un realizador europeo como Dennis Gansel, responsable de películas como Napola y La ola, más propias del cine de autor que del cine comercial, ha decidido mostrar su punto de vista sobre estos célebres "no-muertos".

Somos la noche (We Are The Night): vuelta a los vampiros clásicos

Gansel huye, afortunadamente, de todo lo que tiene que ver con Crepúsculo. Intenta generar una historia de vampiros clásicos, de esos que no se reflejan en los espejos y mueren si osan pasearse a la luz del sol, con el mayor realismo posible.

Para ello se centra en las ansias y pretensiones de estos seres, cuya máxima aspiración es tener el mundo a sus pies, gozando cada día de fiestas ruidosas en discotecas, matando sin ningún cargo de conciencia y viviendo sin asumir responsabilidad alguna.

Existe un importante tono feminista en la película, ya que no aparecen hombres vampiros. Las vampiresas acabaron con ellos años atrás y ya nunca convierten a un varón, por razones de emancipación y supervivencia. Son más que vampiras, son mujeres que vivirán eternamente sin que ningún hombre les diga qué deben o no deben hacer, lejos de cualquier tipo de atadura.

El vampirismo en Somos la noche: ¿libertad o condena?

Sin embargo todo este universo se desmorona con la incursión de Lena. A pesar de que, al igual que cualquier vampiro, experimenta una sed insaciable por la sangre, su manera de proceder es completamente diferente, cuestionando el estilo de vida de sus nuevas compañeras.

Lena se ve atraída, en un principio, por ese mundo ajeno a cualquier convencionalismo, el cual le parece irreal, ya que vivir de esa manera entraña consecuencias excesivamente crueles. Por otra parte, la aparición de un humano, el joven comisario Tom Serner (Max Riemelt) representa otro punto de fricción entre la protagonista y su nuevo universo, de manera que tendrá que decidir si es preferible un amor verdadero, pero mortal y perecedero o una vida inmortal, pero sin sentimientos.

De esta manera Dennis Gansel abre el debate: ¿son realmente malas las ataduras?, ¿es posible vivir para siempre en una juerga continua? En este sentido es importante la figura de Charlotte (Jennifer Ulrich), una actriz de cine que fue convertida en vampiro en su juventud, cuando interpretaba películas en blanco y negro. Su inmortalidad no ha sido suficiente para compensar la pérdida de su familia, algo que la atormenta frecuentemente. El contrapunto lo pone Nora (Anna Fischer), que ajena a todos los males que provoca, sólo piensa en divertirse.

Personajes poco explotados en Somos la noche

La idea central de la película es interesante, sin embargo no está lo suficientemente bien desarrollada. El personaje de Charlotte, que daba muchísimo juego, apenas si está trabajado. Lo mismo ocurre con la líder Louise, de quien realmente sólo sabemos cuales son sus anhelos. De hecho, el único personaje medianamente bien explotado y evolucionado, es el de la protagonista, Karoline Herfurth.

En cuanto al relato propiamente dicho, Somos la noche es una película que cumple ciertos mínimos en cuanto a entretenimiento, lo cual siempre es de agradecer. El ritmo de narración, aunque posee ciertos altibajos, es lo suficientemente elevado como para mantener el interés del espectador, entremezclando de forma mínimamente aceptable el thriller de terror con el suspense policial y la juerga adolescente.

Somos la noche llega con dos años de retraso a España

La pega es que da la impresión de que Dennis Gansel tenía unas pretensiones muy por encima del resultado final del filme. Tras algún que otro conato filosófico sobre la vida y la muerte, lo que perdurará tras su visionado son las tres vampiras alemanas lesbianas y el erotismo que éstas desprenden (además de sus impecables interpretaciones), ciertas secuencias de violencia filmadas con bastante estilo y poco más.

La película, estrenada en Alemania en octubre de 2010, tardó un año en llegar a los Estados Unidos y dos en ser exhibida en las principales salas de España. Una vez más, las distribuidoras han vuelto a hacer gala de un trabajo absolutamente ineficaz.