En 1979, el británico Ridley Scott dirigía Alien, el octavo pasajero, una extraordinaria película de terror y suspense, reconocida en el mundo entero como una de las grandes referencias del género.

Treinta y tres años después, tras cinco secuelas, Scott ha decidido reinventar la saga desde su origen con Prometheus, un filme espectacular en cuanto a factura visual, pero muy débil en cuanto a guión, interpretación y, sobre todo, muy inferior a la original en lo que concierne a suspense.

Las secuelas de Alien

La primera Alien fue una película que basó su éxito en dos pilares: su carácter atemporal y su impecable guión. Ridley Scott se adelantó a su tiempo con una película que jamás quedará obsoleta. Su libreto, concebido por Dan O'Bannon y Ronald Shusett, alcanzaba elevadísimas cotas de suspense, basadas en que lo que se intuye aterra mucho más que lo que se muestra.

En 1986, otro de los grandes mitos de la ciencia ficción, James Cameron deslumbró con una secuela a la altura del original. Dado que el público ya conocía al temible extraterrestre, el creador de Terminator ofreció una película diferente, que generaba terror a partir de acción continuada de altísima calidad.

Después llegó la decadencia de la saga. Primero Alien 3 (1992) una de las peores películas de todo un maestro en la dirección como David Fincher, que fracasó por su previsibilidad. Volver al modelo original con una única entidad extraterrestre, no funcionó, dado que el público poseía demasiada información gracias a las dos partes anteriores. Después, en 1997, Alien resurrección de Jean-Pierre Jeunet cerraba momentáneamente la saga, con la peor película de las cuatro.

El nuevo milenio trajo la primera versión cinematográfica del vídeo-juego Alien vs. Predator, en 2004, de la mano de Paul W.S. Anderson, con una película que no pasó de ser meramente entretenida. Tres años después, esta nueva franquicia concluyó con Aliens vs. Predator 2, la cual supuso un fracaso estrepitoso de los hermanos Strause.

Prometheus: el origen de Alien

Cuando parecía que la saga Alien iba a dar carpetazo, Ridley Scott anunció que tenía en mente una precuela, que constaría de varias películas. La primera ha llegado este verano de 2012, con el título de Prometheus y con un eslogan promocional muy inquietante: "Fueron en busca de nuestro origen, lo que encontraron podría ser nuestro fin".

Lamentablemente, dicho eslogan es lo más terrorífico de una película previsible en exceso, que sólo innova en su brillante diseño de producción, pero que repite en demasía muchos de los esquemas del filme de 1979.

Prometheus y el origen de la humanidad

Para empezar, Prometheus no narra el origen de los aliens, sino el de la humanidad, utilizando la mitología griega, ya que Prometeo fue un titán que desafió a Zeus y que, según ciertas versiones, supuso el origen del hombre mortal. De esta manera, Ridley Scott trata de sobredimensionar su obra con un prólogo en el que muestra cómo la vida comenzó en nuestro planeta Tierra, a partir de un ser evolucionado. Después todo queda minimizado con una explicación poco satisfactoria, según la cual nuestra vida es simplemente el resultado de un experimento macabro.

Tras los minutos iniciales, la acción se sitúa en el último cuarto del siglo XXI. Una pareja de arqueólogos (Noomi Rapace y Logan Marshall-Green) descubren unas pinturas rupestres similares a otro tipo de pinturas hallados en distintos lugares de nuestro planeta y que además tienen ciertas similitudes con un conjunto de estrellas muy lejano a la Tierra. Sólo con eso consiguen patrocinio para enviar una costosísima misión al espacio exterior, formada por un grupo de científicos y exploradores, pero sin apenas equipo de seguridad.

Semejante planteamiento deja en evidencia las graves carencias imaginativas de sus guionistas, John Spahits y Damon Lindelof. El primero fue culpable de La hora más oscura (un filme de extraterrestres totalmente vacío) y el segundo fue uno de los responsables del decepcionante final de la serie Perdidos. Es decir, que ambos siguen en su línea.

Prometheus: plagiando el original de 1979

El desarrollo de la aventura es de una falta de originalidad e imaginación similar. Los esquemas de Alien, el octavo pasajero se repiten, con un reducido grupo de tripulantes entre los que se encuentra un robot humanoide de dudosa confianza, que van en busca de lo desconocido (con el inconveniente de que todo el público conoce lo que hay al final) y que van muriendo poco a poco hasta que al final, una mujer se erige como protagonista, aunque dista años luz de la gran heroína en que se convirtió la teniente Ripley (Sigourney Weaver).

Noomi Rapace (Sherlock Holmes 2, Millennium) es quien encarna a esta protagonista, sólo que en lugar de llevar a cabo una interpretación carismática, protagoniza secuencias absolutamente sonrojantes, entre las que destaca la práctica de un "auto-aborto", como exponente de auténtica tomadura de pelo.

Reparto de Prometheus

Del resto del elenco lo único salvable es la pequeña aportación de Idris Elba (Thor, Luther), que se sale de la monotonía general con algún que otro comentario jocoso y poco más. Es una pena contar con intérpretes como Charlize Theron, Michael Fassbender o Guy Pearce y desaprovecharlos de esta manera, pero el guión no da más de sí.

Además de los citados, también aparecen Logan Marshall Green (el asustadizo hijo del secretario Heller en la cuarta temporada de 24), Sean Harris (Harry Brown, Obsesión), Rafe Spall (Anonymous, Arma fatal) y Kate Dickie (Juego de tronos) entre otros.

Impresionante factura visual de Prometheus

Y es que lo mejor de esta primera precuela es su maravilloso diseño de producción, un majestuoso espectáculo audiovisual que maravillará a propios y extraños.

Desgraciadamente no es tan efectivo como se pretende, ya que nunca consigue tapar las graves carencias de guión, su nulo suspense y su inequívoca sensación de "otra vez lo mismo" con la que todo termina.

El final queda abierto para Prometheus 2, película que en principio llegará a las grandes salas en 2015.