Un filme verdaderamente encantador. Un clarísimo exponente de que la escasez de medios no tiene por qué conllevar una baja calidad del producto final. Porque este producto, a pesar de (o, tal vez, a causa de) estar englobado en el llamado "cine independiente" y rodado con cámaras digitales de mano en un alarde de simplismo, rezuma ternura y autenticidad en todo su metraje.

Argumento y personajes: la vida es así de real

Narra la sencilla historia de dos personas sin nombre (no se cita en ningún momento del filme), amantes de la música, que se conocen en el Dublin contemporáneo. Él es un treintañero que aún vive con su padre en un piso sobre la tienda de reparación de lavadoras que regenta, y pasa las tardes en el centro de la capital irlandesa a modo de cantautor callejero, dando rienda suelta a su creatividad musical con la única ayuda de su guitarra (que le acompaña prácticamente en cada escena de la película).

Ella es una pianista aficionada más joven que él, venida desde la República Checa y que convive en un pequeño piso junto con su madre y su hija pequeña, mientras sobrevive mediante la venta ambulante de flores o la limpieza de hogares.Cada uno se complementa al otro. Así, él hace todo lo posible por pasar más tiempo juntos y ella le da esa fuerza para seguir adelante en la aventura de grabar una primera maqueta con sus propios temas.

Una peli sobre el amor... a la música

Ambos son unos perdedores vitales, pero les importa poco. A él le ha abandonado su novia para viajar a Londres y a ella su marido parece no preocuparle mucho el bienestar de su hija en común. Pero a ambos les apasiona la música, y más concretamente crear nueva música. La chica se interesa por las canciones del chico cuando se lo encuentra en la calle una noche y a partir de ahí surge una relación estrecha y llena de complicidad, en la que cada uno va aprendiendo y disfrutando con la presencia del otro.

Pero no esperen un musical con números pomposos y coreografías grupales, o una de esas películas romanticonas de "chico conoce a chica, se enamoran, etc." porque no tiene nada que ver. Aquí se huye de efectismos empalagosos y no se busca la emoción por la vía explícita y machacona, tal y como se puede ver en cualquier comedia romántica del cine norteamericano. De hecho, ambos tienen una vida amorosa externa que, en el fondo, desean recuperar. Digamos que su relación es algo fantásticamente eventual, y maravilloso por ello, sin necesidad de acercamientos físicos o sexuales. Tal vez de ahí cobra más sentido el título de la película: "Once", es decir, "Una vez".

Conclusión

Obviamente y como se puede imaginar, la música envuelve todo el filme, ya que los personajes parecen no saber expresarse mejor que cantando, siempre de modo recogido e íntimo. Una de ellas, "Falling Slowly", es tal vez la más simple y mejor escena del filme, cuando ambos acaban de conocerse e improvisan dentro de una tienda de instrumentos musicales esta estupenda canción a guitarra y piano. Tanto gustó que mereció nada menos que el Óscar a la mejor canción original en los premios del año 2007. En el fondo, esa escena resume toda la película.

Como detalle añadido, cabe resaltar el carácter totalmente amateur de los protagonistas, lo cual lejos de ser un escollo le aporta realismo y autenticidad a sus caracteres. Tanto es así que, según parece, ambos se enamoraron en la vida real y realizaron una gira musical juntos.