
- 'Los hombres que no amaban a las mujeres' - Sony
Casi tres años después de que la novela de Stieg Larsson se convirtiera en una película sueca, David Fincher estrena el remake norteamericano de Los hombres que no amaban a las mujeres, primera parte de la trilogía Millennium. Daniel Craig y Rooney Mara asumen los emblemáticos papales del periodista Mikael Blomkvist y la hacker Lisberth Salander en un filme en el que Fincher exhibe sus grandes cualidades como artista visual.
La saga ‘Millennium’, de Stieg Larsson
En 2005, Larsson publicó Los hombres que no amaban a las mujeres y en los dos años siguientes completó su trilogía con La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina y La reina en el palacio de las corrientes de aire. Sus traducción al español y al inglés llegaron en 2008. Millennium se convirtió en todo un fenómeno mediático y social que, por supuesto, no tardó en conocer su traslación a la gran pantalla, con tres película producidas en su país de origen.
A lo largo de 2009 se estrenaron las tres. Niels Arden Oplev dirigió la primera entrega y Daniel Alfredson las dos siguientes, con Michael Niqvist y Noomi Rapace como protagonistas. Tal es la fama de esta historia, que no podía tardar en llegar el remake norteamericano. Lo que quizá sorprenda a primera vista es que el encargado de dirigirlo haya sido David Fincher, un maestro visual que ha redefinido las leyes del thriller ya en dos ocasiones, primero con Seven (1995) y después con la infravalorada Zodiac (2007).
David Fincher dirige, Steven Zaillan escribe
Fincher, fiel a su estilo y apoyado en una adaptación de la novela original realizada por el reputado guionista Steven Zailian (La lista de Schindler, Gangs of New York), le da al relato una espectacularidad que no tenía en la versión sueca, mucho más modesta en sus medios y en sus pretensiones visuales. Lo hace mediante el dinamismo en el montaje, algo que ya experimentó con enorme éxito en La red social, con un sonido apabullante y con unas interpretaciones mucho más intensas que en el filme original.
Daniel Craig y Rooney Mara son Blomkvist y Lisbeth Salander
Daniel Craig, una apuesta ganadora desde que asumió el rol de James Bond, y Rooney Mara, una refrescante sorpresa (Fincher trabajó con ella en La red social), desprenden química en cada una de sus escenas, se meten de lleno en la psicología de sus personajes y los hacen suyos a lo largo de las poco más de dos horas y media que dura la película. Si algo diferencia a esta Los hombres que no amaban a las mujeres del filme sueco es que el producto americano se apoya a partes iguales en ambos personajes, mientras que el de Niels Arden Oplev se decanta claramente por dar el protagonismo a Lisbeth Salander.
Durante la primera mitad de su película, Fincher despliega todas las virtudes que le ofrece un magnífico montaje paralelo, hasta que las historias de Lisbeth y Blomkvist convergen. El argumento del filme no difiere en ada de lo presentado por las novelas. El empresario Henrik Vagner contrata a Blomkvist, un periodista caído en desgracia, para resolver el asesinato de su sobrina Harriet, que tuvo lugar cuarenta años atrás. Lisbeth investiga al periodista por encargo de Vanger para comprobar que cumple el perfil que exige la tarea y, cuando Blomkvist lo descubre, le ofrece trabajar con él en su investigación.
Poco tiempo entre la película original y el remake
El principal problema al que hace frente Fincher es el escaso tiempo que ha transcurrido entre la película original y su remake, un tiempo que Hollywood tiende a reducir cada vez más cuando se apropia de los títulos de más éxito del cine europeo, lo que va en detrimento de sus propios filmes cuando éstos regresan para su estreno en Europa. Sin embargo, siendo ambas bastante fieles al curso de la historia ideada por Larsson y dejando al margen los prejuicios que este hecho pueda provocar en el espectador, la versión norteamericana es una película con identidad propia.
Fincher aporta su particular estilo a cada una de las escenas, al montaje, a la elección de los puntos de vista y los lugares en los que coloca la cámara, se aprovecha de una recolocación de los acontecimientos narrados a lo largo del filme en forma de flashbacks. Lo más novedoso con respecto al original está en los títulos de créditos iniciales (todo un rompedor videoclip que no es fácil entretejer en el engranaje de la película) y en sus minutos finales, que hacen al mismo tiempo desear que haya una secuela y cerrar de alguna manera la historia para que ésta pueda ser una película en sí misma.
Fincher respeta la violencia de la novela
Acostumbrado a los relatos más sórdidos, Fincher no suaviza ninguno de los hechos que aparecen en la novela de Larsson. La escena en la que el tutor estatal abusa de Lisbeth y la posterior respuesta de la joven son tan duras como cabría esperar. De hecho, y junto al poco tiempo con respecto a su referente, eso es quizá lo más negativo de este filme: más allá de sus títulos de crédito no hay nada que realmente asombre en la ya muy rica filmografía de Fincher, que, eso sí, encaja con precisión todos los trucos que ha venido mostrado en las dos últimas décadas para cerrar una película sobresaliente.
Los hombres que no amaban a las mujeres apuntala sus aciertos con un reparto sobresaliente, en el que destacan los nombres de Christopher Plummer, Stellan Skarsgard, Robin Wright o Joely Richardson. Es un remake, pero David Fincher le da el toque personal para que sobreviva, más que holgadamente, a las comparaciones con la novela y el filme suecos.
