Mientras hay quienes aseguran que todo está visto en materia de cine, los “cineastas” (y no “directores”, tal como diferenciaba hace ya tres décadas George Lucas) no están del todo convencidos a resignarse. En el cine estadounidense surgen, cada tanto, nuevos cineastas con ideas realmente originales que rompen lo establecido y marcan, ellos, un propio camino. Nolan, con El Origen, abrió una veta (atención, porque la ha abierto con nombre complicado): el thriller psico-filosófico con base humana.

Con Agentes del destino, el debutante George Nolfi (guionista de El ultimátum de Bourne y La sombra de la sospecha), continúa explorando las posibilidades de ese nuevo camino. “Thriller psico-filosófico con base humana” ¿Existe este subgénero? Existe, es novedoso, combina entretenimiento con reflexión y, de la mano de George Nolfi, tiene una nueva gran película que aportar a la nunca acabada historia del cine.

Sinopsis de Agentes del destino

David Norris (Matt Damon), político de raza que ha perdido su cargo de senador por la terquedad popular de la mayoría, ve su carrera política balancearse sobre la cornisa. En pleno dilema hacia el futuro, una hermosa joven se cruzará en su camino. Elise (Emily Blunt) ocupará de allí en más las prioridades de Norris, quien, tarde o temprano, deberá admitir que se ha enamorado.

Pero desde el incierto sitio donde se cocinan nuestras historias, el destino (¿es realmente Él?) ha tejido para David y Elise historias distintas. Cuando unos hombres extraños comiencen a perseguirlos en pos de hacer cumplir el “plan”, David y Elise comprenderán que se hallan desafiando al más poderoso de los enemigos.

Agentes del destino, bien dirigida

Nolfi escribió el guión de Agentes del destino basándose (¡cuándo no!) en un cuento de Philip K. Dick, llamado “Equipo de ajuste”. La inacabable imaginación del genial escritor de Chicago vuelve a ser interpretada por el cine. Y el resultado, hay que decirlo, vuelve a ser contundente. Con su propia impronta, Nolfi carga sobre sus espaldas el relato y lo traduce en términos cinematográficos, aportando los cambios y acentos que el cuento precisaba para volverse película.

Su pulso como guionista lo demuestra más concentrado en el desarrollo de la historia que en la grandilocuencia. Agentes del destino no tendrá la repercusión de El Origen (y hay que ver si tendrá siquiera la repercusión de 8 minutos antes de morir, otro gran film que se inscribe en ese nuevo subgénero del nombre largo), pero analizado en forma independiente del contexto cinematográfico en el que se estrena, el film se distingue y funciona con su propia fórmula. La “base humana” de El origen apuntaba al drama. En Agentes con destino, lo “humano” pasa por lo romántico.

Un film que se atreve a romper moldes y plantillas

Con planteos sobre la naturaleza de la existencia, reflexiones sobre la capacidad de decisión que tiene el hombre sobre su propia vida, y un final a puro escape romántico (¿?), el film termina mezclando ideas de lugares artísticos tan disímiles como Hamlet y Eterno resplandor de una mente sin recuerdos, en logradas secuencias estilo Matrix ¿Mucho? Para aquellos que se conforman con más de lo mismo (y en su dosis habitual), Agentes del destino no es la mejor propuesta, pues el film se atreve a todo, sin respetar géneros leyes ni caminos predeterminados.

Agentes del destino comienza con una extraña familiaridad a comedia romántica y, de improviso, cambiará a lo imposible, a lo improbable, a todo eso que nos enloquece de la ciencia ficción. Nolfi pudo haberse quedado en su lugar de guionista; ese era el sitio que Hollywood le tenía reservado. Ahora, con Agentes del destino puede jactarse de su propio camino. Que no es camino, sino estelas en la mar.