Si el cine se encuentra en una encrucijada, Jodie Foster parece haberse preguntado: ¿la salida está por arriba (las grandes apuestas), o por abajo (los pequeños intentos)? La respuesta puede decepcionar a los amantes de la grandilocuencia: ¡por abajo!

Sin embargo, aquellos que ven, ven, ven películas todo el tiempo porque aman el cine, tienen una buena película disponible para cuando terminen la anterior. La doble vida de Walter (The Beaver, según el título original) ofrece una cinta original, filmada con pasión, que no cambiará la historia del cine, pero tal vez cambie la tarde rutinaria del espectador que se anime.

Sinopsis de La doble vida de Walter

Walter Black (Mel Gibson), ejecutivo de los juguetes y padre de una familia de excelente pasar económico, se halla sumido, desde hace años, en devastadora depresión. Su esposa se ha refugiado en su propio trabajo; su hijo menor, en una suerte de creciente mutismo, y el mayor, el adolescente Porter, le profesa un profundo desprecio por haber arruinado su vida.

Pero algo aún respira en Walter. Cuando su mujer se decida a dejarlo, llevarse a los niños y exponer a Walter a una situación límite, este encontrará en un viejo títere, un simpático castor, el canal para expresarse y enderezar su vida.

La doble vida de Walter, una película original

La dos veces ganadora del Oscar, Jodie Foster, dirige La doble vida de Walter con paciencia y sapiencia. La elección de una historia tan sencilla (que remite a viejísimas películas y, más cercano en el tiempo, a un adorable capítulo de Alf) requería del pulso justo en la narración y las herramientas más sutiles en la dirección. Foster las tiene y las ha puesto en práctica: con el recurso inicial de un narrador en off que presenta el conflicto, serán luego los personajes quienes decidan el devenir de sus propias historias.

Por momentos el film pondrá rumbo a la comedia. Luego virará al drama. Moviéndose con equilibrio para no etiquetarse ni caer en el melodrama (disputa no del todo ganada), Foster, consciente de las limitaciones semánticas del pobre Castor, irá lentamente moviendo el foco del asunto. Con el correr de los minutos, la historia del hijo mayor ganará en importancia y La doble vida de Walter terminará más cerca de Belleza americana que del “peludo melmacquiano” (Keith dixit).

Jodie Foster dirige a Mel Gibson

El film de Jodie Foster marca el retorno de Mel Gibson luego de varios escándalos mediáticos. La actuación del inefable William Wallace no tiene fallas y demuestra que la ficción puede –y debe- ser analizada fuera de toda óptica amarillista: el viejo Mel, mal que nos pese, tiene oficio y hay que reconocérselo. Foster, autorrelegada al segundo plano, sirve de apoyo para que Gibson desarrolle su ¿histrionismo? en pantalla con destreza.

“No hay cura para lo dura que es la vida. Las cosas pasan y algunas son horribles (…) El único consuelo es saber que no estás sólo”. Así definió, con melancólico cinismo, Jodie Foster a su película. Pero no sólo hay familiares, amigos, seres queridos. También están las películas. Que por poco que sea, aportan lo suyo.