El Sueño del Celta es, por el momento, la última novela publicada por el escritor peruano Mario Vargas Llosa (Arequipa, 1936), ganador del Premio Nobel de Literatura 2010.

La novela narra la peripecia vital de Roger Casement(1864-1916), quien fue uno de los pioneros en la denuncia de los horrores a que dio lugar del colonialismo. Concretamente, en su calidad de funcionario del Foreign Office británico (Ministerio de Asuntos Exteriores), elaboró sendos informes acerca de las atrocidades que se cometían sobre los nativos forzados a la recolección del caucho en el Congo belga y en la Amazonía. Dichos informes causaron un gran impacto en la sociedad de su tiempo.

Estructura de la novela

La historia está narrada en forma retrospectiva desde el momento en que Roger Casement ha sido condenado a morir en la orca y está preso en una cárcel de Londres. Se trata de largos días en que sus más allegados se afanan en pedir clemencia y tratar de lograr que le conmuten la pena. En la novela, publicada por Alfaguara, se van alternando un capítulo dedicado al momento presente, al encarcelamiento, y otro relativo al pasado, a la narración, generalmente cronológica, de la azarosa vida de Roger Casement. La obra está dividida en tres bloques que podríamos llamar geográficos (El Congo, La Amazonía e Irlanda), los cuales se corresponden con las tres grandes causas que animaron la vida de R. Casement.

El personaje principal: Roger Casement

Roger Casement, que llegó al África convencido de la noble y elevada misión civilizadora del hombre blanco, fue uno de los primeros denunciantes de los males del colonialismo. Él fue quien abrió los ojos a Europa sobre los abusos de los colonizadores y, en especial, al pueblo británico, para cuyo Gobierno elaboró dos importantes informes.

El primero de ellos denunciaba las atrocidades que las empresas concesionarias de la corona belga, en tiempos del rey Leopoldo II, cometían con los nativos del Congo belga, forzados a la recolección del caucho y tratados de una manera infinitamente cruel e inhumana.

El segundo informe se elaboró tras haber pasado Roger Casement algunos años en Brasil como cónsul británico. Tras ese período, R. Casement fue enviado por el Gobierno británico a la Amazonía, otra zona con gran abundancia de caucho. Allí fue descubriendo iguales atrocidades que las que conoció en el Congo belga. Las poblaciones aborígenes eran esclavizadas y tratadas de manera inhumana por los empleados de la Peruvian Amazon Company, una sociedad mercantil aparentemente respetable, con sede en Londres y cotizada en la bolsa de dicha ciudad.

Finalmente, la vida de Roger Casement dio un giro radical, pasando en pocos años de serle concedidos altos honores por parte del Gobierno británico a ser condenado por traición a causa de su participación en el movimiento independentista irlandés.

El último escándalo de la vida de Casement vino protagonizado por la aparición de fragmentos de unos diarios, de cuya autenticidad aún se duda, en los que se mencionaban o describían múltiples encuentros homosexuales, muchos de ellos de tipo escabroso. Ello ha motivado que incluso a día de hoy Roger Casement no sea incluido abiertamente en Irlanda entre los venerados héroes de la independencia de dicho país.

Valoración

El Sueño del Celta tiene casi más de biografía que de novela. Pese a que hay en ella hechos de gran fuerza y extremos, no emociona, ni conmueve mucho. Presenta abundancia de datos, de fechas, de nombres, de información, en general; pero los hechos históricos descritos, muchos de ellos fuera de lo ordinario, no sacuden al lector. Parece como si el propósito de denuncia del colonialismo hubiera pesado más en el autor que los aspectos literarios y hubiera relegado estos en exceso.

El estilo de Vargas Llosa no alcanza en esta novela la calidez, precisión y belleza habituales en el resto de sus obras. El propio personaje principal, cuya vida es objetivamente extraordinaria —viajero a exóticos lugares como el Congo belga y la Amazonía, en una época en que aún se viajaba poco, denunciante del colonialismo, idealista conspirador en los inicios del movimiento por la independencia de Irlanda— resulta poco interesante, plano, anodino. Ni siquiera la revelación de una supuesta homosexualidad oculta, liberada en furtivos encuentros sexuales, dota al Roger Casement de la novela de fuerza de atracción. Nada que ver con la impecable creación de otros personajes por parte de Vargas Llosa como el Zavalita de Conversación en la Catedral, el esforzado y puntilloso militar Pantaleón Pantojade Pantaleón y las Visitadoras o Urania Cabral, el dictador Leónidas Trujilloo el doctor Balaguer, de La Fiesta del Chivo.

Paradójicamente, la muy merecida y largamente esperada concesión del Premio Nobel de Literatura a Mario Vargas Llosa coincide con la aparición de esta novela que, a juicio de muchos, no se cuenta entre las mejores que ha escrito.