
- El Origen, película con 4 oscars - Afiche de la película El origen
Dicen que el hombre conoce solo un diez por ciento del potencial de la mente. De lo desconocido, qui lo sa. De lo que conocemos, son los sueños las construcciones que más nos confunden. Pero también, las que más nos atraen. El arte ha sido siempre uno de los grandes enamorados del misterio de los sueños. El Origen, última entrega del director Christoper Nolan (Memento, El Gran Truco, Batman Inicia), posa su óptica sobre éstos. El resultado, dos horas de fascinante cine.
Un poco de sinopsis, para entender El Origen
El misterioso multimillonario Saito (Ken Watanabe) contacta/chantajea a Dom Cobb (Leonardo DiCaprio), un ladrón cool que opera en el espionaje corporativo. Para evitar un atraco vulgar y violento, la estrategia de Saito es “simple”: que Dobb convenza al favorecido de una inmensa fortuna para que ponga en ventas las acciones de su flamante herencia. Para lograrlo, Cobb dispone de tecnología de última generación: penetrar en el inconciente mismo de la gente cuando ésta duerme; si el heredero quiere vender, Saito compra y todos satisfechos.
Cobb entrena a la joven Ariadne (Ellen Page), quién será la “arquitecta”. A saber: Para penetrar en el inconsciente basta con dormir a la persona, inmiscuirse en su sueño e implantar una idea. Este sueño del Soñador es diseñado por el “arquitecto”. La única advertencia es no incluir recuerdos.
A partir desde este planteo El Origen pareciera encaminarse a un nuevo –moderno, ingenioso– thriller. Pero…
Qué es qué en la vida humana
Durante el entrenamiento, Ariadne descubre una mujer que se repite en los diversos sueños, Mal (Marion Cotillard), la esposa fallecida de Cobb, que éste proyecta en cada sueño; una persona de carne y hueso, muerta tiempo atrás, habitando los sueños presentes. Pero ¿existe realmente el tiempo en los sueños? ¿Y en la vida?
Una vez comprendido que una idea puede modificar la realidad, Ariadne se verá enfrentada a una compleja ecuación: si las ideas se originan en los sueños, y estos pueden ser habitables ¿no son los sueños otras vidas? Desde el auténtico origen de la vida, Cobb ya no puede ser visto como un sofisticado ladrón, sino como un pobre hombre traumado por la pérdida, un hombre enfermo de dolor.
Entretenimiento y lucidez, la receta Christoper Nolan
La película transcurre a un ritmo exagerado, con ese vértigo que ya es sello de estilo en Nolan y que a veces conspira contra la comprensión de la trama. Y si existe la posibilidad de que la narración, cimentada sobre una simple estafa, prive al filme de una mayor estatura, el drama personal de Cobb devuelve a El Origen el calor necesario para que la historia abrace al espectador, o viceversa.
Contada en forma de Mamushka –esas muñecas rusas donde dentro de una siempre cabe una más–, los sueños dentro de sueños (¿metasueños?) que enseña el filme van hundiendo al espectador en un océano de ficción en el que el entretenimiento y la perturbación intelectual van de la mano. Quién sabe, de eso haya tratado el cine en su concepción.
