Algo tienen los psicópatas que a pesar de inspirar miedo, también resultan interesantes. Nunca deja de ser intrigante la idea de qué es lo que los lleva a hacer sus locuras. Es un plus si ese individuo es reconocido por influir en la vida de un país. El Doble del Diablo trata de uno de los capítulos más oscuros del Medio Oriente desde la perspectiva de Latif: que se encargaba de facilitarle las cosas al hijo de Saddaam Hussein: Uday mientras éste se las complicaba a todo Irak.

Tormenta del desierto

Si Scarface sucediera en el Irak de principios de los noventa, se tomara en serio y se juntara con El Príncipe y el Mendigo, el resultado sería El Doble del Diablo.

A pesar de que la dirección logra capturar un entorno lujoso y depravado en un país metido en un gran conflicto internacional (la primera Guerra del Golfo), el problema principal de El Doble del Diablo es que se toma demasiado tiempo para algo que se pudo contar en un documental de History Channel en menos de una hora.

En un principio atina en introducirnos en el torcido mundo de Uday Hussein, donde la moral es desplazada por el hedonismo. Pero después del primer acto sólo se enfoca en lo que ya quedó por demás claro: Uday es un maldito y disfruta de hacerle la vida imposible a su doble Latif, y de paso, a todos los que están a su alrededor. Aunque este hecho tenía un gran potencial para una historia sobre corrupción y aquello que lleva a un hombre a la maldad, en realidad no hay una estructura de una trama en concreto. Sólo es ver momentos terribles que no llevan a ningún lado ni quitan la monotonía.

Algunas escenas no se resisten a algunos clichés de Hollywood que hacen que parezcan un comercial de vodka. Varios diálogos caen en lo risible (aunque con lo perturbador de otros momentos y la redundancia del guión, es difícil sonreír).

Doble impacto

La razón por la que El Doble del Diablo vale la pena es por el buen trabajo de Dominic Cooper como Latif y Uday. Cooper logra crear con verosimilitud dos personajes sumamente contrastantes siendo esta cualidad parte de otro tropiezo. Mientras Uday tiene todos los defectos habidos y por haber que cualquier persona pueda poseer y la razón de su maldad se reduce a ser el hijo malcriado de uno de los más notorios dictadores de la historia, Latif es incorruptible y no rompe un plato. Ninguno de los dos personajes está tan bien matizado como por ejemplo, un Adolf Hitler decadente por el que uno sentía lástima en La Caída.

Uno de los clichés en los que cae la cinta es la forzada presencia femenina que no aporta nada. En este caso, Ludivine Sagnier, que a modo del racismo de Hollywood en la época del blanco y negro, resulta literalmente increíble como una atractiva mujer del Medio Oriente (y que casualmente le copia su estilo a Lady Gaga). La actuación de la francesa es tan emotiva como una piedra, y en ella recaen los momentos más ridículos de la película. En buena parte porque su personaje es molesto y aburrido.

Veredicto

El Doble del Diablo confirma que los temas polémicos de un país, sólo pueden ser contados por alguien del país en cuestión, ya que los anglosajones tienden a polarizar y no ver las dos caras de una moneda, aunque sea lo que aparenta en este caso. Muchas gracias, ya sabemos que los Hussein no eran ningunos santos. Para la próxima, cuéntenos lo que se guardan los noticieros.