Es verano de 1969. Un caluroso verano en el sur de Estados Unidos. Un preso, llamado Hillary, acusado del asesinato del sheriff de la región –un agente de la ley muy odiado por todo el mundo- está condenado a muerte en la silla eléctrica. Dos periodistas acompañados del hermano pequeño de uno de ellos que les hace de chófer y junto a una atractiva mujer bastante excéntrica que se ha enamorado del preso por el intercambio de cartas, intentarán demostrar que el acusado no ha cometido tal crimen. Hasta aquí el argumento de esta película peculiar, bastante personal, arriesgada e incómoda, lejana de la corrección política de las producciones de Hollywood.

Dirige Lee Daniels, un director que ya había dado muestras de su mundo sórdido y de su personal forma de rodar nerviosa en su anterior melodramón tan celebrado titulado Precious. En su nueva cinta, de nuevo, Daniels entrega al espectador otra muestra de su cine perturbador, oscuro, bastante duro, que a nadie deja indiferente, que da mucha importancia a los personajes y a los actores. Su cine es un cine de actores, y por eso una de las buenas cosas que hay en sus cintas son las buenas interpretaciones. Así pasó en Precious con la actriz de color Gabourey Sidibe.

El Chico del Periódico (PaperBoy) está basada en la novela homónima de Pete Dexter, quien escribe el guion con el propio Lee Daniels. La novela es más sobria que la película. La cinta es más extrema, más atrevida en casi todo, desbordante. Me quedo con la novela, creo que en este caso es mejor que esta desaforada adaptación cinematográfica en la que al director se le ha ido la mano.

El filme tiene aspectos interesantes. Como cierto humor grotesco que funciona bastante bien. O la certera plasmación del feroz racismo que había aún en aquellos años en el sur de EEUU. O el trabajo de todos los actores, que es lo mejor de la cinta, aunque destacan sobre el resto el trabajo de Nicole Kidman en un papel bastante arriesgado, insólito en su filmografía, en el que encarna a una cuarentona rubia explosiva, bastante perdida y también bastante promiscua, que busca su amor carteándose con presos peligrosos. La Kidman -que fue nominada por este papel al Globo de Oro de actriz de reparto- borda su papel porque es una gran actriz, y logra trasmitir toda esa sordidez, ingenuidad, locura y bomba sexual que es su personaje.

También hay que destacar a John Cusak como el acusado violento y sin moral alguna, tremendamente peligroso, bastante lejano de la cordura. También es un papel nunca antes visto en su carrera, y sale muy bien parado.

Esto es lo mejor de una película que por lo demás es fallida, cuyo interés se va desvaneciendo poco a poco, hasta que uno se desengancha del todo y desea que termine de una vez por todas ya aburrido y fuera de la cinta. El filme se queda en un ejercicio de estilo perturbador, extraño, oscuro, controvertido y no logrado, aunque por lo menos no deja indiferente y la cinta, para bien o para mal, no se olvida y logra que se hable de ella.

A la salida un adolescente decía que es una película de verano, para verla en verano, en bermudas y en camiseta corta.