Nueva York es una ciudad que uno nunca se cansa de ver en el cine porque gracias a su cultura, riqueza y movimiento, nunca le falta algo nuevo que ofrecer... siempre y cuando se realize con la visión correcta. Ciudad de sombras deja a un lado el glamour habitualmente asociado con la Gran Manzana y explora la corrupción en el gobierno y la policía. Aunque esto prometía un escenario lleno de suspenso, la película no tiene nada en particular que la haga brillar.

Una historia corrompida

Ciudad de sombras trata de un investigador privado (Mark Wahlberg) que poco a poco va descubriendo los trapos sucios en la política de Nueva York, liderada por su corrupto alcalde con una agenda escondida (Russell Crowe) que busca desprestigiar a su rival político (Barry Pepper) y que está casado con una misteriosa mujer (Catherine Zeta-Jones).

Aunque Ciudad de sombras no tiene una trama precisamente compleja, padece de un guión con sub-tramas y personajes menos interesantes que ver pintura secarse. En vez de enfocarse en la idea central, opta por abordar la irrelevante vida personal del investigador, cuyos problemas incluyen ver a su molesta esposa en explícitas escenas de sexo en una película ¡Qué emoción! Esto no sería tan malo si esos problemas tuvieran alguna repercusión importante en la parte política y policiaca. Pero se pudieron haber quitado y no pasaba nada.

La trama es impulsada por exposición, mucha exposición. Parte de ésta involucra personajes secundarios que no aparecen lo suficiente o tienen algo distintivo para que uno se pueda acordar de ellos. Su participación durante la mayor parte de la película es ser mencionados por los protagonistas como dispositivos narrativos.

Los momentos de tensión en la cinta son muy pocos y sólo los hay cuando Mark Wahlberg está haciendo labores detectivescas como tomar fotografías y escuchar conversaciones con la ayuda de su secretaria.

Otro gran error del guión es tener falsos diálogos de humor involuntario que parecen sacados de una comedia de Adam Sandler y le quitan toda la seriedad posible a la atmósfera, que pretende ser oscura y realista.

No podía faltar la revelación donde se explica el por qué de las cosas, en la cual nunca se siente que sus riesgos sean los suficientemente grandes para que a uno le importen.

Personajes rotos

Los actores en Ciudad de sombras dan interpretaciones satisfactorias, aunque el guión no les da mucho con qué trabajar.

Mark Wahlberg como de costumbre es el tipo rudo y sarcástico de clase media-baja, y en esta ocasión le falta algo que lo hace muy divertido de ver en otras de sus cintas: acción, la cual se limita a una sola breve y simple escena. Además, su personaje tiene el típico lado oscuro en que es un alcohólico en recuperación que cae en la tentación de volver a tomar, que no llega a ningún lado y sólo está ahí para intentar dar más drama y por serguir el cliché del policía deprimido.

Russell Crowe cumple como un político hipócrita que no es tan simpático como aparenta. La participación de Catherine Zeta-Jones es breve, pero importante, al igual que la del desaprovechado Barry Pepper como un candidato a la alcaldía de Nueva York y la de Jeffrey Wright como un policía con motivaciones ambiguas.

Veredicto

Ciudad de sombras tenía todo para ser un thriller policiaco entretenido. Desafortunadamente su guión poco interesante y a veces risible y una ejecución insípida se lo impiden. Al carecer de momentos memorables y emocionantes termina siendo de esas películas que uno recuerda haber visto gracias a las estrellas que ahí aparecen y no por su trama o realización.