Tras el éxito comercial que en 2001 supuso A todo gas de Rob Cohen, además de la alta recaudación obtenida posteriormente en el ámbito doméstico del vídeo y el DVD, su secuela no se hizo esperar.

En 2003, John Singleton (Los chicos del barrio, Semillas de rencor) fue el encargado de dirigir la segunda parte, un filme que, si bien mantiene el espíritu original de coches trucados a gran velocidad y bellezas tipo modelo despampanante, resulta en conjunto muy inferior.

2 Fast 2 Furious: inferior secuela

Quizá la elección del nuevo director no fue la correcta. Singleton es un buen director de dramas raciales, que incluso llegó a estar nominado al Óscar de la Academia. Sin embargo no es un experto del cine de acción, lo que devino en una reducción drástica de la misma en esta segunda parte.

Así, las trepidantes persecuciones y carreras que Rob Cohen regaló al público en el filme de 2001, aquí están rodadas de una manera muy poco vistosa, con un exceso de primeros planos a los pedales del coche, a la palanca de cambios y a los rostros de los conductores y muy pocas tomas generales o aéreas, con las que el espectador sí habría distinguido perfectamente las evoluciones de los coches a gran velocidad.

Esa manera de rodar suele encubrir las deficiencias de un realizador a la hora de coreografiar escenas de riesgo. Singleton no lleva a cabo ningún plano de mérito, limitando su aportación a la saga al uso del hip-hop en lugar del heavy metal en la banda sonora.

Reparto de 2 Fast 2 Furious

Otra decepción fue la no inclusión de Vin Diesel en el reparto. Paul Walker, que repite como protagonista, es incapaz de igualar su carisma de tipo duro para llenar la pantalla. A modo de sustituto de Diesel se contrató al musculoso Tyrese Gibson, que ya había trabajado con Singleton dos años antes en Baby Boy. Sin embargo el cambio fue a peor, pues Gibson se limitó a repetir algo ya visto hasta la saciedad en Hollywood: el clásico papel de actor de raza negra que habla sin parar.

A priori, se esperaba que secundarios como la exótica Eva Mendes (Training Day, Hitch) o el siempre solvente en roles de villano Cole Hauser (conocido de Singleton por Semillas de Rencor) pudieran aportar algo a la trama. Por desgracia, sus roles de agente infiltrada y narcotraficante respectivamente, quedaron totalmente desaprovechados en favor de un guión que sólo buscaba frases relacionadas con el sexo y la alta cilindrada.

A todo gas 2 no aprovecha su potencial

En manos adecuadas, un thriller con agentes infiltrados, un peligroso narcotraficante y un protagonista con la posibilidad de redención, con el mundo de las carreras ilegales de fondo, habría dado muchísimo juego.

Desgraciadamente los productores de la saga lo tenían claro: explotar la gallina de los huevos de oro todo lo posible. Y claro, invertir en un guión que otorgase profundidad a los citados personajes, en favor de una mayor calidad artística, les parecía romper con el espíritu de la serie.

A pesar de su calidad netamente inferior, el reclamo del filme original supuso nuevos beneficios económicos, lo que animó a los responsables a efectuar una tercera parte en 2006, A todo gas - Tokyo Race, la cual, aunque parezca complicado a tenor de esta segunda parte, supuso el peor capítulo de la serie.