Brave (Indomable), que se estrena en España el 10 de agosto, es la decimotercera película de la factoría Pixar y la que más explota los paralelismos con las historias más tradicionales de Walt Disney. Merida es una joven princesa que no comulga con las aspiraciones tradicionales que su madre alberga para ella. Brave es una historia familiar, divertida, magníficamente animada como suele ser norma en el estudio de John Lasseter, una inmersión en las leyendas gaélicas y el entorno escocés más romántico y hermoso.

Los autores y la historia de ‘Brave (Indomable)’

Mark Andrews y Brenda Chapman son los directores de Brave. El primero trabajó como supervisor de historia en Ratatouille y Los Increíbles y fue director de segunda unidad en John Carter, la segunda fue también supervisora para Disney en El Rey León y se convirtió con la infravalorada El Príncipe de Egipto, de Dreamworks, en la primera mujer en dirigir una película de animación para un gran estudio. Chapman ideó la historia de Brave y escribió su guión junto a Andrews, Steve Purcell y Irene Mecchi.

Merida es la protagonista de Brave. Es una princesa adolescente. Su madre intenta inculcarle todo lo necesario para que se comporte como tal, pero a ella le interesa más la aventura, la libertad y practicar con su arco. Cuando los otros tres clanes escoceses mandan a sus primogénitos para cumplir con la tradición de optar a la mano de la princesa, la rebeldía de Merida hará que se oponga a su madre y busque una ayuda mágica que le permita escapar de su destino. Ahí se desencadenará una aventura fantástica que hará que madre e hija se conozcan mejor.

Pixar se acerca a Disney

Desde que Toy Story rompiera moldes, y no solo con su factura técnica, Pixar se erigió en un modelo nuevo para entender la animación. Sus historias eran más complejas, más adultas, pero manteniendo un envoltorio de fantasía imprescindible para enganchar a los más pequeños. Pixar no quería hacer películas de dibujos animados, hacía simplemente películas. Cine con mayúsculas. Disney compró Pixar en 2006, aunque ambas compañías siguieron sus propias líneas de producción. La segunda había superado ya entonces a la primera como reina de la animación a nivel mundial.

Con Brave se produce el mayor acercamiento entre ambas a nivel temático y narrativo. La rebelde y atrevida Merida, fiel reflejo de su alborotada y formidablemente animada melena pelirroja, se asemeja a muchas de las heroínas tan características de Disney y, sobre todo, a Ariel, La Sirenita. A pesar de que la partitura instrumental del escocés Patrick Doyle es un medio de dotar con éxito a la película de resonancias escocesas y también más oscuras, la música evidencia un uso también mucho más cercano al que Disney ha venido haciendo durante casi toda su historia y especialmente en las tres últimas décadas.

La inigualable animación de Pixar

Además de la excelencia a la hora de escribir sus películas, Pixar demostró desde el primer momento que quería la supremacía técnica y tecnológica del cine de animación. Hoy se puede decir con total tranquilidad que Pixar no tiene rival en la animación, por mucho dinero que inviertan otros estudios en sus filiales de dibujos animados. En este sentido, la calidad de Brave es excelsa. El movimiento es fluido, los escenarios son hermosos, y las elecciones de planos son naturales y acertadas. El trabajo técnico brilla con luz propia.

Hay en Brave un deseo de introducir al espectador en la cultura escocesa y gaélica, y eso, con un mérito tremendo, se consigue con suma facilidad. Las imágenes de vastas praderas de color verde, sus misteriosos bosques cubiertos de bruma o los medievales castillos son sólo una parte de ese trabajo. La música, por un lado los acordes de Patrick Doyle y por otro las canciones interpretadas por Julie Fowlis en la versión original y Russian Red en la española, terminan de transportar al centro de la historia a todo aquel espectador que no ponga excesiva resistencia por aceptarla.

Un guión no tan redondo

La historia, en todo caso, es esta vez lo más flojo del trabajo de Pixar. El guión no es tan profundo, tan dramático y tan logrado como en anteriores producciones Pixar. No es tan imaginativo como el de la trilogía Toy Story, tan redondo como el de Wall·E o tan emocional como el de Up. Es, en todo caso, un buen trabajo que ahonda más en clichés que en sorpresas. La película, no obstante, comienza con mucha fuerza y con un acertadísimo retrato de personajes, por tópicos que puedan parecer en algún momento, y no es hasta la mitad del filme cuando se empiezan a notar las irregularidades del filme.

Eso sucede, precisamente, cuando la película acepta su vertiente más fantástica y cuando temáticamente más se acerca al entorno de Disney, cuando Merida consigue un hechizo que modificará de forma drástica su destino de ser obligada a casarse con el primogénito de otro de los clanes. No es que desentone, pero sí es cierto que supone un cambio brusco en la narrativa de la película, que ahí alcanza su mayor grado de infantilización. Para los espectadores más pequeños, será un elemento más de la diversión que ofrece la película, pero para los adultos será lo más difícil de asimilar.

‘Brave’, una buena película de animación

Sin ser una de las mejores propuestas de Pixar, Brave sí puede presumir de lo que ha hecho a su estudio el líder indiscutible de este campo, una animación excelsa. Con ella, se cuenta una historia divertida (grandes secundarios cómicos, en especial los trillizos y el ininteligible hijo de uno de los clanes) y emocionante, apta para todos los públicos. Como es habitual en las producciones de Pixar, hay una cita imprescindible con el corto que se proyecta previamente, en este caso el espléndido La luna, una preciosa historia de Enrico Casarosa, y también con un simpático epílogo al final de los títulos de crédito.