No cabe duda que el señor Lars von Trier es un director peculiar; no hay más que echar un ojo a otras obras de su producción como "Dogville" (2003) o la muy premiada "Bailar en la Oscuridad" (Dancer in the Dark, 2000) para darse cuenta de que su modo de hacer cine es distinto y del todo alejado de los cánones y clichés y, por supuesto, de la artificiosidad hollywoodiense.

Hasta el film que nos ocupa, que podría haberse construido bajo tópicos telefílmicos y demás convencionalismos del estilo de película psicopática-claustrofóbica, sufre un volantazo en manos del realizador danés para convertirlo en una reflexión surrealista y desesperadamente ambigua sobre el sentimiento de culpa, la responsabilidad como condenación y el afrontamiento del dolor físico y psicológico.

Argumento... o algo así

La película se estructura en base a un prólogo, tres capítulos y un epílogo. Construida únicamente como un desafío entre dos interpretaciones (la de ella, Charlotte Gainsbourg, espléndida; la de él, Willem Dafoe, demasiado impasible), se puede resumir en los intentos de un marido, además psicólogo de profesión, por tratar de que su mujer afronte y a la vez supere los traumas que le ha causado la trágica pérdida del hijo pequeño de ambos. Para ello, la lleva hasta un retiro que la familia mantiene absolutamente aislado en mitad del bosque. Allí, poco a poco se va descubriendo que tal vez los males de la mujer no son tan fáciles de afrontar, y que el entorno no es precisamente una ayuda.

¿Por qué verla? ¿Por qué no verla?

Lo mejor del filme (y casi lo único) se circunscribe a dos elementos: el sugerente prólogo que narra la tragedia infantil, rodado íntegramente a cámara superlenta, con una bella fotografía en blanco y negro y salpicado por una hermosa composición de Haendel; y el tercer capítulo (Desesperanza), donde la acción de la trama argumental se desborda. El resto se pierde en divagaciones, diálogos lentos y aburridos, consideraciones abstractas y actuaciones extrañas, donde incluso la Naturaleza como entidad maléfica tiene su cabida.

Todo el film está salpicado de imágenes intencionadamente perturbadoras, con la presentación explícita de genitales y relaciones sexuales pero no especialmente de forma sugerente, así como torturas físicas que ríase usted de "Saw" y sus secuelas, y todo ello hace que del visionado de la cinta una tarea no del todo agradable.

El giro argumental final explica muchas cosas, pero aún así el director deja demasiadas en el aire, conformando uno de esas películas para compartir con un grupo de amigos y luego llevar a cabo una discusión sobre sus muchos matices y ambigüedades.

En resumen, una película que transgrede mucho, entretiene a ratos y aburre demasiado. Tal vez con una menor impronta de su personalidad, Lars von Trier podría haber acabado un producto ciertamente interesante.