Está nominada a cinco Óscars. Y de los más importantes: película, director, guion original, Emmanuelle Riva como actriz principal y el Óscar a la mejor cinta de habla no inglesa. No se espera que gane ninguno de los importantes, porque es sabido que la industria norteamericana premiará a sus propias películas (como Lincoln o La Noche más Oscura) y no a una cinta austriaca. Es casi seguro que le den el de habla no inglesa como ya hicieron el pasado 13 de enero en los Globos de Oro, y ya está. O quizá también tenga sus posibilidades Emmanuel Riva que está impresionante, pero nada más. Con estar ya nominada a los principales premios es ya todo un éxito.

Pero el asunto es que Amor, de Michael Haneke, debería arrasar en los Óscars porque es la mejor película del año, la gran cinta que todo espectador sensible desea encontrarse en una sala de cine. Amor es, sencillamente, una obra maestra. Y por eso no puede competir con ninguna de las otras nominadas porque ninguna puede estar a la altura de semejante película.

Después de la también impresionante La Cinta Blanca, de 2010, Haneke nos muestra aquí una historia de puro amor y desconsuelo entre una pareja de ancianos, y antiguos profesores de música, en la que ella entra en una demencia incurable que le hará ir poco a poco degenerando hasta terminar sin poderse mover de la cama.

Es una historia dura, muy triste, por momentos desgarradora. Es una historia llena de pura vida, llena de verdad, de poesía sutil y también de desasosiego. Es un canto agónico de amor y de muerte, un canto de lealtad e indefensión humana. Y, además, encontramos por primera vez al Haneke más lírico e íntimo, y más lejano del terror y los bajos sentimientos e instintos que siempre han caracterizado sus películas. Haneke ha querido hacer en Amor un poema de amor muy bello, aunque también trágico y removedor de conciencias, y lo ha conseguido completamente.

Amor es una cinta que hay que ver. Emociona y hace llorar tanto como logra la reflexión. Si con La Cinta Blanca Haneke se confirmaba ya del todo como un grande, con esta nueva cinta logra entrar en el olimpo de los elegidos, sólo para unos pocos.

Pero tampoco hay que olvidarse del trabajo de los actores. La pareja protagonista Jean-Louis Trintignant y Emmanuelle Riva no pueden estar mejor. Sus interpretaciones rebosan verdad y lirismo contenido, están repletas de matices, de profundidad, de maestría absoluta, y sorprende muchísimo que la Academia no haya nominado al Óscar a Jean, es inexplicable.

Por todo Amor es la película del año. De muchos años. La película que quedará en la cabeza del espectador para siempre, inolvidable. La película que con unos cuantos actores inconmensurables, una sola casa por escenario de la que no se sale en toda la película, un sencillo y portentoso guion, logra hacer una obra majestuosa, conmocionante, finísima, inolvidable e inabarcable, llena de belleza decadente y purísimos sentimientos.

Acabas de verla con un nudo en la garganta. Y también te das cuenta de que has envejecido varios años. Amor, toda una experiencia. Es la experiencia.

Comprobamos que Haneke tiene, artísticamente, buenos sentimientos.