Con las no muy recomendables Pánico en el túnel y The Skulls: Sociedad secreta en su haber, Rob Cohen realizó en 2001 su principal éxito comercial con A todo gas (libre traducción de The Fast & the Furious) una película que heredaba la notable influencia de 60 segundos, de Dominic Sena, estrenada sólo un año antes.

Cuerpos de infarto, heavy metal y velocidad, mucha velocidad, son sus principales armas. Lástima que en producción decidieran no invertir demasiado en el guión, contratando al autor del libreto de Superagente K-911 y del argumento de El hombre sin sombra, Gary Scott Thompson, que ideó una historia muy plana y un tanto previsible.

Sinopsis de A todo gas

Ello queda evidenciado al descubrir su trama: un policía infiltrado en el mundo de las carreras ilegales termina por enamorarse de la hermana del líder de una banda sospechosa de robo. O lo que es lo mismo: el argumento de Le llaman Bodhi de la ganadora del Óscar en 2010, Kathryn Bigelow, retocado lo suficientemente como para atraer al público de 60 segundos.

La diferencia es que ni sus personajes están tan trabajados como los del filme de Bigelow ni sus secuencias de acción llegan a la altura de la película de Sena. Asimismo, el posible suspense que podría generar, no llega al punto de cualquiera de las dos producciones mencionadas.

Éxito de taquilla de A todo gas

¿Por qué entonces esta película consiguió el número uno en la taquilla estadounidense durante dos semanas? La principal razón fue el gran trabajo que hizo su estudio de márketing, fundamentado en impactantes trailers que prometían sexo y coches tuneados a gran velocidad. Como si estuviera basado en la respuesta promocional de Angelina Jolie, "hacer el amor mientras robo coches", cuando Nicolas Cage, en la ya citada 60 segundos, le preguntó qué le excitaba más.

Aunque es posible que quienes fueran al cine atraídos por esta razón, salieran defraudados ya que, a pesar de que la película está repleta de tópicos que aluden a la violencia y el sexo, todo exceso relacionado con ambos temas se contuvo para poder obtener así la calificación de "no recomendada a menores de 13 años", dejando vía libre al público al que iba destinada: los quinceañeros.

Reparto de A todo gas

Tampoco se invirtió un elevado presupuesto en concepto de contratación de actores, ya que por aquel entonces, Paul Walker y Vin Diesel no gozaban de su fama actual. Walker no dio la talla en ningún momento, demostrando muchas dificultades a la hora de expresar los sentimientos encontrados que sufría su personaje de infiltrado y palideciendo cada vez que coincidía en pantalla con Vin Diesel. No es que este último sea un actor de método, pero sí supo conferir a su personaje un conseguido carisma de antihéroe macarra y socarrón, que le hizo sobresalir por encima del resto.

Ambos fueron parte de de un reparto coral integrado por otra futura estrella, Michelle Rodriguez (Avatar, Resident Evil), además de la espectacular Jordana Brewster (The Faculty, The Invisible Circus) o Rick Yune, el famoso villano de la última película de Pierce Brosnan como 007, Muere otro día.

Estética de vídeo-clip en A todo gas

En resumidas cuentas, A todo gas es una película muy atractiva para el público juvenil por aglutinar bellezas, coches trucados y acción, dentro de una estética visual típica de vídeo-clip, con espectaculares persecuciones, múltiples carreras y cierto grado de tiros y explosiones.

Paradójicamente fue uno de los exponentes del bajón de calidad que sufrió el cine de acción desde que comenzó el nuevo siglo, incapaz de llegar a las cotas alcanzadas por especialistas como James Cameron, John McTiernan o Richard Donner, salvo en contadas excepciones.