La decisión sobre cuáles obras literarias acercar a niños y jóvenes es de vital importancia no sólo en la biblioteca escolar u otros tipos de unidades de información destinadas a dichos usuarios, sino también en cualquier espacio de lectura en el cual exista un mediador responsable por la selección de los textos que promoverán entre ellos el placer de leer.

Los siguientes criterios incluyen algunos aspectos a tener en cuenta que, si bien no abarcan todas las cuestiones que pueden considerarse, constituyen un primer acercamiento a la selección de textos. Por lo tanto estos consejos serán de utilidad para cualquier adulto que se encuentre en la situación de evaluar obras de literatura infantil y juvenil para su adquisición.

Literatura sin intrusiones

Un criterio fundamental al momento de seleccionar textos literarios infantiles y juveniles implica poder discernir entre los libros que contienen realmente componentes literarios y aquellos que no los aportan.

Han de ser desechados todos aquellos textos atravesados por intrusiones, que afectarán el acercamiento de los niños y los jóvenes a la lectura placentera. Obras que incluyan moralejas, tengan un contenido didáctico, o pretendan adoctrinar de cualquier modo deberían dejarse de lado para no interferir con el goce que produce leer verdadera literatura.

Competencias literarias y enciclopedia lectora

Otra consideración fundamental al momento de seleccionar textos de literatura infantil y juvenil gira en torno a las competencias literarias de los destinatarios. Cabe destacar, además, que los libros que cautivaron a los adultos cuando ellos fueron niños no necesariamente cautivarán a los niños de hoy.

Es importante ofrecer no sólo un amplio abanico de posibilidades en lo que respecta a la temática de las obras sino también a los distintos momentos del camino lector. Más allá de la consideración de los grupos etarios y de los contenidos más afines (tramas, intereses, etc.), las competencias literarias y la enciclopedia lectora de cada individuo serán las que se vinculen más estrechamente con dicho camino y sus estadios, ya que es posible encontrarse tanto con lectores incipientes como con lectores en carrera y también con otros ya entrenados.

Las características de los materiales

En cuanto a la adquisición de textos, será importante tener en cuenta al momento de la decisión algunos aspectos clave, como la calidad de los materiales y su “expectativa de vida”.

Los materiales, además, deben responder a los hábitos de lectura que se corresponden con cada edad; en una bebeteca será fundamental la higiene y resistencia de los materiales, mientras que entre los niños pequeños algunos tipos de encuadernaciones y hojas serán demasiado endebles, pero más apropiados para lectores que manipularán los textos con cierto cuidado.

Cabe recordar, sin embargo, que los materiales gastados por el uso siempre serán un buen indicio, y que es preferible que se encuentren en tal estado a que no hayan sido utilizados, ya sea por falta de motivación o por restricción ante el temor a que se deterioren.

El análisis de los contenidos

Otro criterio de gran importancia, para el que es necesario “hilar más fino” y analizar en profundidad los contenidos de los textos, implica la familiarización con cada obra: recorrerla con atención y actualizarse constantemente en lo que respecta a nuevas producciones, un aspecto fundamental del rol de mediador.

De este modo será posible construir un criterio para seleccionar aquellos textos que posibiliten la apertura a múltiples lecturas, el planteo de enigmas y desafíos que motiven al lector a sumergirse en otros mundos. Este aspecto favorecerá la animación a la lectura y conducirá a mayores logros.

La construcción del círculo lector

En consonancia con el punto anterior, siempre debe tenerse en mente que los textos de calidad literaria permitirán a los lectores integrarse a lo que Graciela Montes denomina “gran tapiz”. Por lo tanto no debe olvidarse al momento de la selección que esos libros serán los que propiciarán la construcción del círculo de los que leen, de esa comunidad de lectura primordial y más rica. Esos textos deberán ser una ayuda para “enseñar a leer” y no agotarse como objetos en una primera lectura, en un acercamiento sin desafíos, o en un papel de mero libro-juguete.

En la elección del mediador tendrán entonces prioridad aquellos textos que permitan ingresar a universos de significaciones, que lleven a otros textos, a que los lectores tejan y destejan el tapiz, a que den sentido a su propia vida.