Según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), más de 1.000 millones de personas –la sexta parte de la población mundial– se encuentran aquejadas por el hambre y pobreza en el mundo debido a una insuficiente inversión en seguridad alimentaria.

Principios de Roma sobre la seguridad alimentaria mundial

Esta situación se ha presentado principalmente debido a una insuficiente inversión en seguridad alimentaria –acceso físico, social y económico a suficientes alimentos–, en agricultura –cultivos, ganadería, silvicultura y pesca–, y asimismo, al descenso del desarrollo rural.

En los “Principios de Roma”, declarados durante la “Cumbre Mundial sobre Seguridad Alimentaria” realizada en noviembre de 2009, la FAO planteó una serie de acciones requeridas para alcanzar una seguridad mundial alimentaria sostenible, tales como, aumentar las inversiones, recursos y coordinaciones, incrementar el acceso de alimentos a más personas, así como enfrentar las causas y mitigar los efectos.

Unidos contra el hambre, de la FAO al Papa

Durante la conmemoración del Día Mundial del Hambre, el 17 de octubre pasado, bajo el lema Unidos contra el hambre, el papa Benedicto XVI, el presidente de Ruanda, Paul Kagame, y el director General de la FAO, Jacques Diouf, pidieron la unidad del mundo para enfrentar el hambre en el mundo, incrementando la producción de alimentos, especialmente en los países donde habitan mayorías de personas hambrientas.

Al respecto, el Papa Benedicto XVI emitió un comunicado señalando que “para eliminar el hambre y la desnutrición, es necesario superar los obstáculos del propio interés para hacer espacio a una fructífera gratitud, manifestada a través de la cooperación internacional como expresión de una genuina fraternidad. Todo el mundo necesita dar prioridad a uno de los objetivos más urgentes de la familia humana: liberarse del hambre garantizando suficientes alimentos disponibles, y que todo el mundo pueda acceder a ellos a diario”.

Crisis alimentaria y cambio climático

El pasado día 17 el Comité Oxford para la lucha contra la Hambruna (Oxfan) advirtió que con el cambio climático los recursos no son suficientes, por lo que es urgente la adaptación a este fenómeno –medidas que requieren las comunidades más afectadas por este fenómeno– y su mitigación –reducción de emisiones de gases causantes del efecto invernadero–, y asimismo, fomentar la agricultura sostenible a pequeña escala, por lo que los países deben comprometer acciones y recursos dirigidos a esta actividad.

El problema estriba en que los fondos de financiación para la adaptación al cambio climático no son suficientes, motivo por el cual este Comité solicitará durante la próxima Cumbre de Cancún sobre el cambio climático, un “Fondo Verde” de 200.000 millones de dólares anuales para el 2020, con el fin de fijar y garantizar una cantidad mínima de recursos públicos o privados destinados a cubrir la adaptación al cambio climático y su mitigación.

La importancia y el desafío de la agricultura en la lucha contra el hambre

No cabe duda que casi la totalidad de los pobladores de la tierra se alimentan de la agricultura, es pues la actividad más importante para la supervivencia de la especie. Las proyecciones de los estudios científicos sobre la alimentación nos señalan que la producción agrícola tendrá que aumentar en 70% al año 2050 para alimentar a una población mundial que se prevé superará para dicho año los nueve millones de personas.

Entre los desafíos que enfrenta la producción agrícola en el mundo podemos resaltar: las serias consecuencias que está produciendo el cambio climático; la dificultad de incrementar las áreas de cultivos sin deforestar ni destruir los bosques; el monopolio agroindustrial y los elevados costos de insumos de producción y fertilizantes; la disminución de energía y agua; la especulación; el uso de pesticidas, entre otros.

La agricultura sostenible para garantizar la alimentación mundial

Muchas son las soluciones que se plantean, pero nadie tiene la respuesta. Sin embargo la tendencia se dirige hacia el impulso de programas que apoyen a la agricultura sostenible como única vía para alimentar a la humanidad; facilitar su acceso a la financiación de recursos, a los mercados, y al apoyo técnico y científico.

Asimismo, el sector agrario en todos los países debe recibir mayor impulso de la modernización, de los avances científicos y de una mayor competitividad, para mejorar su desarrollo. En suma visualizar la agricultura y la seguridad alimentaria como el aspecto principal de los programas nacionales y regionales en el mundo.