Albert Einstein (1879-1955) está considerado como una de las personas más influyentes del siglo XX y el más importante físico de la historia. La Teoría de la relatividad fue su gran aportación a la ciencia, y produjo una auténtica revolución en nuestra forma de entender el Universo. La figura de Einstein se popularizo debido a su militancia por la causa del pacifismo.

Frases célebres de Einstein como "¿Tuvo Dios otras opciones al crear el Universo?", "Dios es sutil pero no malicioso" o la más afamada "Dios no juega a los dados" han contribuido a la idea generalizada de que Einstein era una persona religiosa. El hecho de que apoyara la causa sionista también ha contribuido a afianzar esta idea en el público. Pero ¿creía Einstein realmente en el Creador?

Dios no juega a los dados

Albert Einstein se oponía a las conclusiones de las investigaciones en física cuántica de colegas suyos como Born, Heisenberg o Bohr, que introducían el azar y la probabilidad como factores destacados en el sistema de la física, mientras que Einstein abogaba por una concepción del universo donde la regularidad de algunas leyes simples no dejaba demasiado lugar para el azar.

La famosa frase de Einstein aparece en una carta de 1944 dirigida a Max Born, donde dice: "Nuestras expectativas filosóficas nos han conducido a cada uno a las antípodas del otro. Tú crees en el Dios que juega a los dados, yo en un orden y una legalidad completas en un mundo que existe objetivamente". Esta cita debe ser entendida en el contexto de una discusión sobre física, no sobre teología, con lo cual, la frase puede ser explicada desde un punto de vista estrictamente científico. La oración se entiende entonces como una proclama contra el azar, una afirmación del determinismo, donde la palabra "Dios" es solo una metáfora del Universo. 

Einstein y la religión

La relación de Albert Einstein con las doctrinas religiosas fue bastante compleja. El físico había leído a David Hume, y conocía el problema filosófico conocido como falacia naturalista. Según Hume y otros filósofos que han desarrollado esta idea, las afirmaciones acerca de cómo es la realidad no nos pueden guiar sobre las cuestiones relativas al deber en un sentido ético. La ciencia investiga los hechos y las relaciones entre los mismos, pero no nos puede dar las directrices sobre cómo debemos actuar ante la vida y en relación con los demás. Así, las metas últimas, los valores morales, y los principios que deben regir nuestra conducta no pueden ser sometidos al método científico.

La dimensión humana relacionada con la ética es la que, según Albert Einstein, ha pertenecido por derecho propio a la religión. Este tema aparece en un texto recogido en el volumen Mis creencias, en el que Einstein profiere otra famosa frase, muy utilizada por religiosos y creyentes: "La ciencia sin religión es coja; la religión sin ciencia ciega".

Sin embargo, quienes apelan a esta cita para insinuar la vinculación del físico más importante de todos los tiempos a la doctrina de Dios, suelen obviar otras palabras que también aparece en el mismo texto: "la ciencia no solo purifica el impulso religioso de la escoria del antropomorfismo, sino que contribuye a una espiritualización de nuestra concepción de la vida".

¿A qué se refiere la cita con escoria del antropomorfismo? Albert Einstein aborrecía la idea de un Dios personal, es decir, un Dios con apariencia antropomórfica. Pero su desprecio al antropomorfismo no se limitaba a la imagen humanizada de Dios, sino también al hecho de que las religiones predicaran la existencia de un Dios que interviene en los asuntos humanos.

Einstein y la religiosidad cósmica

Si no creía en un Dios personal, ¿en qué sentido se puede decir que era una persona religiosa o espiritual? La respuesta a esta pregunta gira en torno al concepto de religiosidad cósmica, tal y como lo definió Einstein en "Religión y ciencia", un breve texto recogido en Mi visión del mundo. Según Einstein, la religiosidad cósmica es la formulación más avanzada y madura de la religión, y de ella no se deriva ninguna idea de un Dios antropomórfico, ni es posible construir con ella una teología. Solo unos pocos han vislumbrado esa forma de religiosidad, y entre ellos, el físico cita a personajes como Demócrito, Francisco de Asís y Spinoza.

Para Einstein, "La religiosidad cósmica es el estímulo más alto de la investigación científica". Pero esta noción de religiosidad, acorde con el panteísmo de Spinoza, no se corresponde  con la espiritualidad que presuponen quienes han identificado a Einstein como una persona devota. De hecho, Richard Dawkins, en su libro El espejismo de Dios, atribuye la suscripción de Einstein a la religión a la torpeza con la que el físico trató de expresar su veneración por la naturaleza.

Un documento despeja toda duda razonable

Todo parece indicar que la religiosidad cósmica de Einstein no era sino la veneración, sin connotaciones místicas o sobrenaturales, a la belleza y el orden del Universo, cuyos secretos más profundos intentó desvelar durante toda su vida.

Aunque Einstein siempre mantuvo una postura conciliadora entre la ciencia y la religión, el 13 de mayo de 2008 el diario The guardian hizo pública una carta de Einstein a Eric Gutkind, fechada el 3 de enero de 1954 (un año antes de su muerte). En ella se pronunciaba de modo más rotundo respecto a su punto de vista sobre la religión: "La palabra Dios para mí no es más que la expresión y el producto de la debilidad humana; la Biblia es una colección honorable, pero primitiva, de leyendas no obstante bastante infantiles".

Queda fuera de toda duda que la postura de Albert Einstein era más cercana al ateísmo que a la doctrina de Dios.