Las algas conservan, si se las compara con los jugos de frutas y hortalizas, una gran estabilidad de su contenido en elementos minerales. De allí el gran interés que tiene actualmente para la cosmetología el uso de los extractos de algas completas o de algas desecadas y pulverizadas, no ya como base de cremas, sino como un conjunto de materias activas de las que difícilmente se encontrará el equivalente en otros vegetales. Con ellas también se pueden elaborar numerosos baños y lociones.

Cremas de algas

El alga es un alimento sumamente nutritivo y una sustancia anti-envejecimiento, por cuanto lucha contra el debilitamiento de las funciones y de las reacciones cutáneas.

Las cremas para la cara pueden producir los efectos más variados en la piel, pero todos se traducen en un rejuvenecimiento sensible, en proporción al aumento del vigor celular y una reanimación de casi la totalidad de las reacciones.

Un excelente método de tratamiento consiste en emplear alternativamente una crema de algas y una de extractos vegetales.

Las algas, debido a los numerosos ácidos que contienen, constituyen un alimento inmediatamente asimilado por las células cutáneas.

Por sus aminoácidos, favorecen la síntesis de nuevas proteínas y, por lo tanto, de nuevas células.

Los elementos biogenéticos de naturaleza hormonal que contienen no pueden menos que estimular la producción celular, pero ésta, así como el conjunto de las funciones de la piel, percibe muy fuerte la presencia de la masa de elementos minerales, cuyo papel fundamental es justamente amplificar o hacer de nuevo posibles reacciones celulares que no pueden ejercerse normalmente sin ellos.

Aceites vegetales en cosmética

Las materias grasas que constituyen los distintos aceites vegetales son valoradas como muy efectivas en los tratamientos de belleza.

El maní, el trigo, el ricino, la soja, la avellana y el girasol se encuentran entre los vegetales cuyos aceites poseen virtudes que suavizan y enriquecen la epidermis.

Conocer sus propiedades y comenzar a utilizarlos es el primer paso para cuidar la piel, esa frontera con el mundo exterior que se puede aprender a mantener sana y joven basándose en métodos sencillos y naturales.

Aceite de ricino

Contiene un ácido graso, el ácido ricinoleico que tiene una gran afinidad con la fibra queratínica. De allí su empleo en champúes y cosméticos para pestañas. Esa afinidad es favorable para el crecimiento del pelo en general, ya que el ácido ricinoleico ejerce también una acción muy clara sobre las glándulas sebáceas; los baños de aceite de ricino se emplean en los casos de cuero cabelludo seco.

Aceite de soja

Sirve para la preparación de emulsiones para hidratar la piel. Por contener fósforo, representa un tónico para la red nerviosa facial (acción antiespasmódica y antiarrugas).

Aceite de avellana

El aceite que se extrae del fruto sirve para la fabricación de emulsiones. Pese a su débil contenido de vitamina A, la avellana ejerce una actividad reconstituyente sobre los tejidos epidérmicos.

Aceite de germen de trigo

Contiene gran cantidad de vitamina E. Se utiliza en las cremas antiarrugas y rejuvenecedoras, que parecen actuar como estimulantes de las funciones y de las reacciones cutáneas.

En cosmética suele mezclarse con jugos de frutas que contengan vitaminas, ya que de esta manera su acción es más potente.

La mayoría de los productos que ofrece la naturaliza pueden ser utilizados en los cuidados de la piel y el cabello. Sólo basta conocer las propiedades y características de cada uno de ellos y emplearlos correctamente.