Somos seres sociales y necesitamos a los demás para establecer todas nuestras relaciones. Eso es tan obvio que todos estamos de acuerdo, sin duda, pero quizás convenga alguna consideración al respecto que nos ayude a ser un poco más cívicos y, a la vez, más felices.

La palabra urbanidad. Normas sociales, cívicas o de cortesía

En las antiguas escuelas, de los años 50 y anteriores e, incluso, en los 60, se impartía una materia titulada urbanidad. Hoy en día la palabra urbanidad, su sola mención, parece que remita a algo caduco, del pasado, obsoleto y más que superado. Y posiblemente sea así. Los libros de texto, las llamadas enciclopedias, solían incorporar un epígrafe llamado “urbanidad”.

Ahora bien, y sin ánimo de volver al pasado, muchas veces no iría mal recordar alguna norma social, cívica o de cortesía, como se quieran llamar. Seguro que la vida sería más agradable. Saber convivir en sociedad es básico y esencial. Y se tiene que aprender y, por supuesto, se ha de poner en práctica. Ahí, en parte, entraría la tan controvertida asignatura de educación para la ciudadanía.

La convivencia diaria

A veces, por ejemplo, al cruzar por un paso de cebra, el conductor o conductora parece que, en lugar de parar, acelere más. Como si quisiera pasar antes y evitar al peatón.

Cuando se va comprar, al banco, a correos, a hacer las pequeñas grandes gestiones cotidianas, hay que guardar la cola pertinente, pero siempre aparece el listo o lista de turno que piensa que eso no rige con él.

Y ante hechos consumados, ya se sabe. En otras ocasiones, al subir al tren o al autobús o al metro, no se observa que nadie haga el gesto de levantarse cuando hay alguna persona mayor o una embarazada o alguien que lo necesita que no encuentra asiento. Todo el mundo va distraído. Todos, o la mayoría -que tampoco es bueno generalizar-, miran hacia otra parte.

Se llega a algún sitio y si se saluda con unos buenos días o buenas tardes o como sea, puede ocurrir que nadie conteste e, incluso, que se extrañe del saludo, cuando lo más normal sería hacerlo siempre.

Y ya sin mencionar la vida en las comunidades de pisos. Siempre hay alguien que ensucia, que hace ruido, que no respeta nada ni a nadie.

Cómo mejorar la convivencia

Total, que siempre hay pequeñas cosas o pequeños gestos que podemos emplear. Sin ir más lejos, se pueden dar las gracias y pedir las cosas por favor. Y no tiene por qué parecer una actitud trasnochada.

Habría que esperar con paciencia nuestro turno. Se deberían respetar las normas de circulación, no fumar en espacios poco apropiados e, incluso, no costaría mucho ser amables con la persona que tenemos al lado. Se podría, por supuesto, y acaso... también se deba, por mera convivencia. Cabe comportarse de una determinada manera, más cívica, todo es cuestión de la actitud y del respeto hacia los demás. Hace falta, pues, voluntad de cambio. Simplemente.

El comportamiento de los individuos califica a la sociedad

La expresión que tantas veces se oye de que “la gente es así o asá” parece que proteja o excuse a quien la pronuncia, pero, bien mirado, todos somos gente y hacemos la sociedad cada día juntos. Y todos, a menudo, vamos deprisa y queremos ser los primeros y tenemos la razón y gritamos a la menor ocasión. Y así no hay quien se entienda.

Ahora, en esta sociedad medio desquiciada que se hace entre todos, quizá más que nunca sea importante no perder las buenas maneras; esto es, la llamada educación, que resulta tan difícil de definir y llevar a la práctica.