¿Cómo es posible la comunicación? Podríamos responder que los seres humanos nos comunicamos unos con otros mediante el lenguaje, ya sea hablando o escuchando (oralidad), ya escribiendo o leyendo (escritura). Pero una respuesta de este tipo no deja de ser una descripción. La pregunta no es cómo nos comunicamos, sino cómo es posible la comunicación.

Significado literal y significado no literal

Una buena teoría de la comunicación humana debería poder explicar no sólo la comunicación del significado literal de nuestras locuciones, sino también el hecho sorprendente de que podamos comunicar un significado eventualmente distinto del significado literal que encierran las expresiones lingüísticas.

Así, cuando preguntamos a alguien que lleva reloj "¿Tienes hora?" esperamos una respuesta como "Las cinco y cuarto" en vez de "Sí, pero no me obsesiono con ella". Explicar por qué "¿Tienes hora?" es interpretado como "Por favor, dime la hora" requiere que se tengan en cuenta ciertas máximas conversacionales que los hablantes respetan cada vez que se comunican entre sí.

La conversación como cooperación

En su artículo "Lógica y conversación" (1975), el filósofo Paul Grice (1913-1988) estudia la conversación como una interacción social que se ajusta a ciertas reglas, las máximas conversacionales, que los hablantes pueden respetar o no respetar. Si lo hacen, la conversación se organiza en una cierta dirección, en lugar de ser una sucesión de intervenciones inconexas.

En la conversación interviene el lenguaje, por supuesto, pero es menos esencial de lo que parece. La conducta de dos obreros que colaboran en la construcción de un muro, sin apenas intercambiar palabra, se aproxima más al ideal de conversación que ciertos debates en los que dos políticos confrontan sendos discursos previamente elaborados por sus asesores. La conversación es primero cooperación y después lenguaje; hablar es un esfuerzo de cooperación.

El principio de cooperación

El principio de cooperación (PC) es la regla más importante que rige cualquier conversación. Grice lo define en estos términos: "Haga usted su contribución a la conversación tal y como lo exige, en el estadio en que tenga lugar, el propósito o la dirección del intercambio que usted sostenga".

Los participantes de una conversación siguen PC y además tienen conocimiento mutuo de PC. Esto último significa que, si A y B conversan, A sabe que B respeta PC, B sabe que A respeta PC, A sabe que B sabe que A respeta PC, B sabe que A sabe que B respeta PC, y así indefinidamente.

Las máximas conversacionales

Como PC es demasiado amplio, conviene desarrollarlo hasta llegar a máximas conversacionales específicas, igual que un jurista desarrollaría los principios de una constitución. Grice advierte que esas máximas pueden ser violadas y además están sujetas a revisión.

Inspirado en el sistema categorial de Kant, Grice organiza varias máximas conversacionales de acuerdo a cuatro grandes categorías:

  1. Cantidad. Haz tu contribución tan informativa como la ocasión lo requiera, pero no más.
  2. Cualidad. Haz que tu contribución sea verdadera, evitando no solamente aquello que creas falso, sino también todo aquello cuya verdad no puedes sostener con buenos argumentos.
  3. Relación. Haz que tu contribución sea relevante, es decir, tenga que ver con el tema que es objeto de la conversación.
  4. Modalidad. Haz que tu contribución sea clara, evitando la expresión oscura o ambigua, siendo además escueto y ordenado.
La máxima de relación es la más interesante y difícil de formalizar. Inspira además la teoría de la relevancia de Dan Sperber y Deirdre Wilson.

Seguimiento y violación de las máximas conversacionales

Normalmente seguimos las máximas de Grice. Si me preguntan "¿Dónde tienes el coche?" respondo "Aparcado ahí enfrente", pero no "Donde lo he dejado" o "Enfrente de ti, a una distancia de cuatro metros y medio". En este caso he seguido la máxima de la cantidad. Otro ejemplo: quien entra en una floristería y dice "Buenos días" no suele escuchar "Le diré cuánto me paga mi jefe para qué vea lo tacaño que es", pues es poco probable que el dependiente viole la máxima de la relación.

A veces violamos subrepticiamente una de las máximas conversacionales porque nuestras pretensiones entran en conflicto con ella, como cuando queremos mentir. Otras veces queremos terminar con la conversación abiertamente. También hay ocasiones en que se producen conflictos entre dos máximas conversacionales, como cuando queremos decir algo pero no podemos por falta de evidencia. Asimismo, hay un caso especialmente interesante: violamos una máxima pero nos atenemos a PC. ¿Por qué? Porque queremos decir algo distinto de lo que decimos, generando así una implicatura conversacional.

Las implicaturas conversacionales

Imaginemos una conversación entre A y B, ambos siguiendo PC y en la cual A afirma p. Entonces q es una implicatura conversacional de p si se cumple que:

  • q no se sigue lógicamente de p.
  • A pretende comunicar q.
  • B es capaz de derivar q a partir de p y de PC y acaso de alguna información contextual compartida por A y B.
Si me dicen en la oficina "Vete a casa y descansa" infiero la implicatura de que primero debería ir a casa y después descansar, no al revés, ni simultáneamente. Esta implicatura no se sigue sólo de la oración que he escuchado, sino de ella y de la última submáxima de la modalidad: todo discurso debe ser ordenado, luego los eventos se deben describir en el mismo orden en que suceden.