Estamos en verano y el calor invita al descanso. El trabajo parece que se acomoda a las horas del día, en función de la intensidad del sol. Los ojos, sin querer, se entornan y seguramente, por la fuerza de la costumbre, nos relajamos de una forma especial restando importancia a los quehaceres y problemas cotidianos. A la vista está que ya tenemos cubierta parte de nuestra etapa laboral y ese descanso anual nos reclama con urgencia una salida, una escapada, una evasión.

Desenfado veraniego

Da gusto ver, aunque sea por televisión, el trajín continuo en playas o en campos y aldeas, con un colorido o extravagancia cada vez más llamativo.Y es lógico que así suceda porque es fruto del desenfado veraniego, donde casi todo el mundo quiere olvidar la rutina machacona de su trabajo.Todo se prepara de antemano, con meticulosidad, pues las plazas hoteleras, las casas rurales y hasta las habitaciones de los familiares y amigos están muy solicitadas, o mejor dicho, hay que intentar ganarle la partida a todos los que, con mejor o peor intención, quieren adelantarse a nuestro propósito y quitarnos el puesto en cualquier lugar.

Vacaciones con problemas

Una vez conseguido el alojamiento temporal veraniego, a veces con más que dudosa comodidad, cuando realmente se inician las vacaciones en sus diversas facetas, empiezan casi de forma sistemática los problemas ... el sol y las comidas, el agua que por falta de presión no llega a todas las viviendas, las tiendas repletas de clientes impacientes, los autobuses urbanos hasta los topes llenos de bolsas, sombrillas y trastos propios de la jornada playera que, aparte de la incomodidad que supone, se adereza como postre en muchas ocasiones con un tufillo nada agradable.

Descanso nocturno

Más tarde, al fin, llega la noche, se supone para descansar pues el cuerpo está ya maltrecho por tantas andanzas y somnoliento por el madrugón al tratar de encontrar un buen sitio en la playa donde clavar la sombrilla en señal de propiedad temporal diaria.Tumbado en la cama con las ventanas de las habitaciones abiertas, ya que hay que establecer corrientes que alivien de la canícula y bochorno propios de la estación estival, todo parece propicio para el comienzo de un sueño tan esperado como reparador.

Mosquito inoportuno

Pero no es así porque, también por la ventana, se ha colado un inoportuno mosquito, ese pequeño insecto con su gran autonomía de vuelo, su zumbido implacablemente avisador de su actuación inmediata en forma de dolorosa picadura que, a veces en personas sensibles, produce ronchas de considerables molestias. Aquí comienza la pesadilla, alternando la búsqueda del esquivo díptero con el continuo rascar en la zona corporal afectada.

Solución a la picadura

El mal puede atenuarse, en parte, si se dispone como medida preventiva de un frasquito de amoniaco, ya que basta mojar la picadura varias veces para notar un alivio rápido y eficaz. En las farmacias existen preparados cuyo ingrediente es el referido amoniaco, pero con un cómodo aplicador. La batalla, al final, se ha ganado. Ahora sí, a dormir, que mañana espera otro día, por lo menos con las mismas emociones. Tal vez, con nuevas y renovadas circunstancias.