Si bien es innegable que una buena obra de arte requiere un excelente logro de contenido y forma, no es menos cierto que en determinadas manifestaciones, como la literatura, el teatro y otras, su mayor peso recae en el primero de estos elementos, al contrario de otras como la pintura, la escultura y sobre todo la arquitectura y la música donde la forma prima sobre el contenido. Contrariamente a ciertas corrientes perfeccionistas de la literatura actual, que sacrifican muchas veces el contenido a favor de los tecnicismos, la literatura tiene que ser esencialmente emotiva y comunicativa.

Algunos ejemplos memorables

Baste señalar como argumento que las obras clásicas de la literatura universal siempre han sido portadoras de un fuerte mensaje humano, a pesar de que en algunos de estos casos su técnica no ha sido muy relevante.

Pudiera citarse como ejemplo la novela, considerada por muchos como la obra cumbre de la literatura universal, El Quijote. Si su técnica narrativa no está a la altura de los avances estilísticos contemporáneos, el profundo mensaje humano que transmite no ha perecido a lo largo de los siglos, y es muy posible que siga haciendo reflexionar a la humanidad durante otro largo período de tiempo. De ahí su trascendencia, a pesar de sus “lagunas estilísticas” y su español antiguo.

Otro ejemplo, no menos significativo, son las novelas del reconocido escritor Víctor Hugo, las cuales, en lo referente al aspecto formal, presentan marcadas deficiencias. También se sabe que la forma se pierde en gran medida, por ejemplo, durante las traducciones. Si existían asonancias es posible que las pierda o viceversa, la poesía rimada pierde generalmente la rima y la métrica, sin embargo, su mensaje queda y sigue impresionando a lectores de otras lenguas.

La forma en función del contenido

Es válido aclarar que no se habla en este caso de obviar el estilo. Esto sólo sería una excusa para la aceptación del mal gusto y la cursilería. Einstein formuló la increíble teoría de la relatividad, que removió los cimientos de la física y abrió nuevos horizontes y perspectivas a la humanidad y esta fue válida aunque estuviera mal redactada, con faltas de ortografía o escrita con un lenguaje ingenuo. Pero eso es ciencia, no literatura. Con esto se quiere decir que en el arte siempre es importante la preocupación por la forma, pero sólo como complemento del contenido.

El arte debe transmitir sentimientos, esto se logra con una buena combinación de contenido y forma, no pueden relegarse ninguno de los dos aspectos, pero el arte también tiene que ser capaz de hacer reflexionar a las personas y de ser posible aportar nuevos elementos a la humanidad y esto, es evidente, sólo se logra a través del mensaje de la obra, es decir, su contenido.

Yeats, Rimbaud y tantos otros siguen siendo grandes poetas a pesar de que leamos sus obras en otro idioma, pues esencialmente sus mensajes permanecen vigentes aunque sus formas se pierdan en la traducción.

La academia y el talento

Cada época establece, por usar un término riguroso y ciertamente peyorativo, sus pautas técnicas, sus cánones estilísticos, sus escuelas literarias y artísticas en general; de estas se nutren, diríase casi inevitablemente, todos los creadores. Esto constituye un hecho inseparable del desarrollo humano y en esas “aguas efímeras”, como las del río de Heráclito, ha de bracear todo artista.

Esto no significa en modo alguno que se posea talento. El más común de los mortales puede aprender y aplicar dichas reglas. La gramática, la corrección en general, dictada por las academias pueden enseñar a expresarse adecuadamente, pero ello no implica para nada un estilo propio, mucho menos valor artístico alguno. El genio creador puede sumergirse (retomando la parábola de Heráclito) en una corriente estética o subvertirla, pero en este simple hecho no radica su talento.

Algunas opiniones de Whitman

Walt Whitman, el gran poeta norteamericano, que era un ferviente defensor de la literatura, en este caso la poesía, como medio de comunicación y de acción para las masas, planteó varias veces que su deseo era plasmar la realidad con una vitalidad tal que no pudieran empañarla los versos perfectos; de lata anémica, moribunda e insípida clasificó a ese otro tipo de poesía.

Otro aspecto importante en contra del perfeccionamiento vacuo en la literatura es que la esencia de todo escritor es la necesidad de expresarse, de ser consecuente consigo mismo, no sólo por la veracidad de sus mensajes (entiéndase su propia verdad), sino también por la mera existencia de algún mensaje.

Referido al tema, y retomando a Whitman, él planteaba que la poesía realmente grande es popular, no elitista. Por tanto, sin llegar al absolutismo de Whitman, un verdadero escritor sería aquel que vive en constante cuestionamiento de su entorno, es en cierta forma un filósofo, alguien que lleva al papel esos temas tanto personales como universales (a fin de cuentas la misma cosa) que todos se han planteado o aquellos que sólo se llegan a plantear después que se lee un texto.

A modo de conclusión

Borges dice en su ensayo La supersticiosa ética del lector, refiriéndose a los escritores tecnicistas, que la emoción, por parte de estos, es subordinada a la ética, que “buscan tecniquerías”. Por tanto, la obra del verdadero escritor (incluso el poeta considerado hermético) siempre estará cargada de un hondo contenido humano y universal y no de vacuo formalismo.