Hija del infante de Castilla, Don Juan Manuel y su esposa Constanza de Aragón, nació en 1316 en el castillo de Garcimuñoz (Cuenca) donde residía su familia y guardaba “sus dineros” el citado escritor y autor del “Conde Lucanor”.

Constanza Manuel, una mujer víctima de la política

Su nombre completo, Constanza Manuel de Villena y Barcelona, nos habla de la nobleza de su linaje y su vinculación a la monarquía, tanto por parte de Castilla -era bisnieta de Fernando III el Santo- como de la Corona de Aragón, al ser su madre hija del rey Jaime II.

Las complicadas relaciones entre la monarquía y la nobleza en los reinos hispánicos de la mitad de siglo XIV, hicieron de ella una pieza muy valiosa a tener en cuenta en cualquier tratado o alianza. Su padre, su abuelo y los monarcas de Castilla, Portugal y Aragón compitieron entre sí para lograr sus intereses políticos a costa de la felicidad de Constanza. Todo ello sin tener en cuenta los sentimientos de una niña aún, que no entendía el valor diplomático de su propia persona, pero que se convirtió, sin quererlo, en víctima de la política de momento.

Constanza Manuel y Don Juan de Haro

La debilidad del poder real durante minoría de edad del rey Alfonso XI de Castilla, llamado el Justiciero, provocó revueltas en la nobleza. Cuando en 1325, y con tan sólo 14 de edad tomó las riendas de poder personalmente, la situación para la monarquía era grave.

Nobles rebeldes como don Juan de Haro - señor de Vizcaya y apodado el Tuerto- junto a don Juan Manuel, reivindicaban el derecho al trono defendiendo su línea hereditaria pues ambos eran descendientes del rey castellano Alfonso X el Sabio.

Constanza Manuel se vio, sin quererlo, en medio de un tratado de amistad entre los dos nobles rebeldes, que incluía su matrimonio con el señor de Vizcaya.

Constanza Manuel y el rey Alfonso XI de Castilla: una boda de niños

La reacción de Alfonso XI ante los ataques nobiliarios no se hizo esperar. Tenía que deshacer el pacto entre ambos y evitar así una guerra. Crear una división entre ellos era el camino más rápido, por lo que no dudó en atraer al señor de Vizcaya prometiéndole en matrimonio con su hermana, la infanta Leonor.

Nuevamente era una mujer el objeto de una paz que no llegó a realizarse ya que el enlace no se celebró, pues don Juan de Haro no cedió en su rebelión y acabó asesinado en la ciudad zamorana de Toro.

Con don Juan Manuel, la situación fue diferente. Logró tenerle a su lado nombrándole Adelantado Mayor de la Frontera, importante cargo que le mantenía cerca del monarca en su lucha contra los musulmanes del sur de la Península ibérica.

El pacto entre ambos se selló con la enlace del rey con Constanza Manuel, que fue trasladada a Valladolid en donde se “fecieron las bodas. Et porque ella era de poca edat, et el rey eso mesmo, non llegó á ella, et encomendola á doña Teresa, su aya que la criase” (“Crónica de Alfonso XI”, BAE, cap. XLII). Una misión que debía cumplir hasta el año 1329 en que el matrimonio seria efectivo tal y como acordaron Alfonso XI y don Juan Manuel.

Tras esta “boda de niños”, como la han denominado algunos historiadores, la nueva reina-niña de Castilla, se convirtió en el aval de una paz nobiliaria que otorgaba tranquilidad al reino y permitía a su monarca acometer nuevos proyectos.

Constanza Manuel, garante de la paz del reino, se convierte en Constanza de Castilla

No sabemos qué pensaría entonces Constanza Manuel de tanto ir y venir de un castillo a otro. Suponemos que dada su corta edad todo le parecería un juego y asumiría sin más sus continuos traslados en esos años. De la fortaleza de Peñafiel, propiedad de su familia, viajó a Valladolid, donde tras su enlace con el rey -que fue ratificado por las Cortes castellanas reunidas en esa ciudad- fue llevada al castillo de Toro, mientras el rey consolidaba su poder, ésta vez con el apoyo de su nuevo suegro, don Juan Manuel.

Pero la situación de Castilla en estos años tenía también otros problemas y no podían olvidarse los pactos con otros reinos hispánicos. En este sentido el apoyo de Portugal era imprescindible, tanto en la lucha mantenida contra los musulmanes, como en la política interior del reino.

Cuando los emisarios portugueses le ofrecieron a Alfonso XI un pacto matrimonial con María de Portugal, hija del soberano luso, no lo dudó, cambiando con ello la tranquila vida de Constanza Manuel en el castillo de Toro, convertido ahora en su prisión.

Vivió cautiva del que fuera su esposo hasta el año 1328 en que fue devuelta a su padre, Don Juan Manuel, pero una nueva rebelión de éste les mantuvo a los dos sitiados por las tropas del rey castellano en el castillo de Garcimuñoz.

Comenzaba para Constanza Manuel una nueva etapa de su vida, esta vez junto a su familia aunque ello no supuso ninguna liberación, ya que su padre continuó utilizándola como moneda de cambio en sus continuos pactos con otros monarcas hispanos. Las negociaciones para un nuevo matrimonio de su hija con el heredero de Aragón, el futuro Pedro IV no llegaron a buen término aunque si se consolidaron las realizadas con Portugal.

Constanza Manuel y el rey Pedro I de Portugal: un matrimonio desgraciado

No tuvo tampoco esta vez Constanza una boda corriente. Si la anterior había sido una ceremonia rápida realizada entre dos niños cuya unión nunca llegó a consumarse, esta vez, su enlace con el heredero del reino de Portugal, el infante Pedro, se realizó por poderes al estar la novia cercada militarmente en Garcimuñoz.

Tenía veinte años y aún pasarían tres más hasta que, gracias al permiso del rey castellano, pudo reunirse con su esposo para celebrar, esta vez sí, su matrimonio con una solemne ceremonia religiosa en la catedral de Lisboa.

Si con ello pensó Constanza que sus problemas habían acabado, la realidad le devolvió poco tiempo después una amarga respuesta. En efecto, en el cortejo que la acompañó hasta Lisboa iba, como dama de compañía, una mujer -Inés de Castro- que protagonizaría junto a Pedro I de Portugal uno de esos amores imposibles que el Romanticismo se encargaría de ensalzar hasta la leyenda.

“Reinar después de morir” (1652) de Luis Vélez de Guevara y “Corona de amor y muerte” (1955) de Alejandro Casona, son dos de las obras literarias que recrean la tragedia que les tocó vivir a estos tres personajes.

La muerte de Constanza de Portugal

Los amores de su esposo Pedro con Inés de Castro, hicieron de Constanza una mujer solitaria. Tuvo tres hijos: María, Luis -fallecido pocos días después de nacer- y Fernando, tras cuyo parto murió la reina y que sucedió en el trono de Portugal a su padre.

Cuando falleció en Santarém (Portugal) Constanza tenía 30 años. Una corta vida para una mujer víctima de las circunstancias políticas de su tiempo, que a pesar de existir documentación en la que ella firma como reina de Castilla y de haberse casado con dos reyes, no aparece en la lista de soberanas de ninguno de los dos reinos: su boda con Alfonso XI de Castilla nunca fue ratificada, muriendo antes de que su esposo Pedro I de Portugal llegara al trono.