A lo largo de la vida escolar, los estudiantes deben expresar su opinión sobre los textos que han leído. Tanto en las clases de lengua y literatura, como en otras materias, los profesores piden a sus alumnos que redacten su “opinión personal” sobre libros, artículos u otro tipo de textos de temas variados.

En muchas ocasiones, los estudiantes se centran en decir si el texto les ha gustado, en resumir el argumento o, en el peor de los casos, a decir que no lo han entendido. Tampoco se trata de ponerle una nota al texto ni de repetir lo que dice el autor.

Redactar una opinión personal es realizar un comentario crítico del texto. Esta actividad valora la capacidad de análisis y madurez del estudiante, y por ello, no hay que realizar sólo una valoración del contenido del texto, ya que la opinión personal permite incorporar reflexiones sobre lo que sugiere la lectura.

Cómo redactar una opinión personal de un texto

Como punto de partida, existen algunas pautas para entender en qué consiste redactar un comentario crítico o una opinión personal que pueden ayudar a planificar su estructura:

  • Si se conoce algo del autor o de la época en la que fue escrito el texto se puede comenzar con ello. Si no se está seguro es mejor no meter la pata. Se pueden comentar detalles sobre lo que significó el libro en el momento de su publicación, por ejemplo.
  • En segundo lugar (o para comenzar, si se salta el primer paso) se puede explicar el tema, es decir, la idea principal del texto. Es una forma de demostrar que se ha entendido lo que se ha leído (y que se ha leído, claro). A veces el tema es una interpretación personal, que no tiene por qué ser correcta o incorrecta, siempre que demostremos o justifiquemos nuestras afirmaciones. Hay que centrarse en las ideas expuestas en el texto y no en las anécdotas o el argumento.
  • Se pueden incluir valoraciones sobre otros aspectos del texto, como la actitud del autor ante el texto: por ejemplo, si es objetivo o crítico con los hechos o con los personajes o el tipo de lenguaje que utiliza.

Analizar el texto y justificar la opinión

  • Para terminar, se manifestará acuerdo o desacuerdo con las ideas expuestas en el texto. Para ello se puede destacar algún aspecto del libro o del texto y vincularlo a nuestras propias experiencias. Lo más importante es justificar cada afirmación y no decir simplemente “esto me parece bien” o “esto me parece mal”. Hay que ser moderados y respetuosos tanto en las ideas que se defiendan como en su redacción: no se trata de expresarse con miedo sino de forma madura y no exaltada. En este punto se puede relacionar el texto con su contexto histórico o geográfico, y establecer diferencias o similitudes con la experiencia personal o con la actualidad. Es conveniente relacionar el texto con otros que traten temas similares, incluso con películas, para comparar puntos de vista.
  • Sí se dice si el texto nos ha gustado mucho o nada, hay que justificarlo. Por ejemplo, se puede hablar de la originalidad o de la vigencia del texto. Casi siempre hay algo positivo y algo negativo, así que hay que se deba hacer un balance: ni “hacer la pelota” ni destrozar el escrito.
  • Ante todo, nunca, nunca, nunca, se debe decir que no se ha entendido o que no nos ha gustado porque no se ha entendido.
Para terminar, no se debe olvidar que siempre hay que repasar el texto para evitar faltas de ortografía, erratas y otros errores. Si es necesario, habrá que pasarlo a limpio para que su presentación sea la adecuada.