"Los jóvenes de hoy en día solo quieren la comodidad. No tienen maneras, ni respeto por la autoridad o por los mayores...ya ni siquiera se levantan cuando un anciano entra en la habitación. Contradicen a los padres, dicen improperios en la mesa y son tiranos con los maestros..." A pesar de lo actual que pueda parecer, el comentario anterior no pertenece a ningún profesor o padre del siglo XXI. Fue atribuido a Sócrates por Platón.

El problema del mal comportamiento

Tal vez el aumento de los medios de comunicación y la accesibilidad a la información global pueden dar la sensación de que los jóvenes se comportan peor que nunca. Esa sensación esta recogida en encuestas y programas de televisión, donde se refleja la violencia en los colegios y el abuso al que los alumnos e incluso docentes se tienen que enfrentar cada día. Bien es cierto que en las últimas décadas se ha pasado de pegar con la vara al todo vale.

En cualquier caso, en Inglaterra por ejemplo, el Gobierno (a través de su ministro de Educación, Ed Balls) ha querido enfatizar y dejar claro que los maestros tienen todo el derecho a utilizar la fuerza física cuando sea necesario. Si un alumno no quiere dejar la clase o se comporta agresivamente, el docente podrá usar una fuerza razonable e imponer la disciplina.

Si bien hay muchos factores sociales que intervienen en la (des)educación de los niños, es en la escuela o el instituto donde pasan un tiempo importante y, al fin y al cabo, es donde se les ofrece las herramientas para ir creando su futuro.

El éxito del maestro a la hora de afrontar el mal comportamiento de algunos alumnos se basa en muchos factores. Si no se quiere ver continuamente a los niños diciendo tacos, jugando a pelear o incluso destrozando cualquier material, es recomendable seguir algunos pasos, y estos deberían de ser aprendidos como se aprende el papel en una obra de teatro.

Estrategias para mejorar el comportamiento de un alumno

Entre los consejos para mejorar la disciplina se pueden encontrar los siguientes:

  • Al comenzar la lección, no quedarse parado detrás del escritorio. Hay que tomar control desde un principio, desde que entran por la puerta, tal vez dándoles la bienvenida o saludándoles amablemente.
  • Se debe ser un actor en la clase. El maestro no puede hablar tal y como lo haría en un bar con amigos.
  • Evitar la confrontación. Lo mejor es entregar el mensaje al alumno ("haz esto", "siéntate"...), dar la vuelta y seguir con nuestro trabajo. No hay que acosar al estudiante.
  • No dejar que el niño imponga su propio ritmo de la clase. El maestro no tiene que esperar al alumno, sino al contrario. Mejor usar un "siéntate, gracias" que un "siéntate, por favor".
  • Mejor hablar que gritar. Si el maestro grita demasiado lo único que conseguirá es que los alumnos se acostumbren a eso y que el propio profesional pierda la voz.
  • Ser constante y perseguir cualquier comportamiento que quebrante las normas. Tampoco hay que amenazar con un castigo si el mismo no se va a cumplir.
  • Pedir ayuda a un colega siempre que sea necesario. Existe una tendencia a creer, equivocadamente, que el apoyarse en otro docente muestra síntomas de debilidad.
  • No perder el sentido del humor. Algunas veces el humor permite quitar tensión y ver las situaciones problemáticas desde otra perspectiva.
  • No tomar el mal comportamiento (insultos, por ejemplo) como algo personal. Tampoco hay que ser sarcástico ni irónico, especialmente con los alumnos de primaria. La orden debe de ser clara y directa.

Comportamiento primario y secundario

Uno de los gurús de la educación, Bill Rogers, cree que entre los secretos para conseguir zanjar un mal comportamiento está el concentrarse en el principal problema. Rogers distingue entre comportamiento primario y secundario.

Explica que si el niño se porta mal, intentará por todos los medios desviar la atención (quejándose, dando excusas, cerrando la puerta de un golpe...) para intentar "ganar" o convencer al educador. El maestro debe por tanto actuar sobre lo que hizo el alumno principalmente, dar las instrucciones al pupilo y terminar las mismas con un "gracias". De ese modo se le da tiempo al alumno para recapacitar y asimilar lo que el profesor le ha pedido.

Es evidente que muchos de los consejos anteriores no pueden ser implementados con alumnos de una avanzada edad. El secreto es adaptarse a las circunstancias de cada uno y tener una actitud profesional.