
- Sol y piel - Steve & Jemma Copley
Con la llegada del verano y la época vacacional, empezamos a ver atractivos cuerpos bronceados que llenan playas y piscinas. Esto despierta nuestro deseo de lucir también un bonito moreno en nuestra piel, lo que a veces nos lleva a olvidar que una incorrecta exposición al sol veraniego puede acarrearnos serios problemas de salud.
Incluso hay gente que se obsesiona con el bronceado, enfermedad que se conoce como tanorexia, y perciben que su piel está más pálida de lo que en realidad está. La obsesión por alcanzar un moreno perfecto puede provocar ansiedad y frustración al no conseguir nunca el tono de piel deseado.
El exceso de exposición es lo más perjudicial
Pero es posible disfrutar del sol con seguridad y conseguir un bonito bronceado sin jugarnos nuestra salud. Tenemos que tener siempre presente que los excesos son malos y, en este caso, pueden acarrearnos problemas muy serios que van desde quemaduras hasta melanomas y cáncer de piel.
Por eso es básico que sigamos una serie de pautas para que podamos lucir un bonito bronceado y que nuestra salud no se resienta por ello.
Tiempos de exposición adecuados
El primer factor que debemos tener en cuenta es que el bronceado tiene que ser progresivo. No vamos a conseguir un morenazo envidiable en un par de días de exposición masiva al sol. Es fundamental que los tiempos de exposición al sol sean cortos (empezando por unos 10 minutos diarios) y más si no hemos preparado nuestra piel para conseguir un bronceado correcto.
Es recomendable si vamos a tomar el sol tener la piel bien hidratada, para lo que debemos tomar mucha agua, zumos o fruta y verduras frescas, preferiblemente aquellas que contengan elementos antioxidantes, como el tomate o la zanahoria.
Hay que evitar el sol del mediodía
Otro factor a evitar es la exposición al sol en la franja horaria en que la radiación solar es mayor; es decir, entre las 11 de la mañana y las 5 de la tarde. Tampoco nos tenemos que fiar de los cielos nublados ni de los días con viento, que nos pueden dan la falsa sensación de que, al sentir menos calor, la radiación solar es menos intensa. También es peligrosa la reflexión de la radiación solar en superficies como la arena y el agua, que multiplican el efecto del sol en nuestra piel.
Una protección adecuada a cada tipo de piel
Todos sabemos que tenemos que utilizar cremas de protección solar, pero es importante que esa protección sea la adecuada a nuestro tipo de piel. La protección mínima tiene que ser una crema de un factor solar nunca inferior a 15. Pero según sea nuestra piel, tenemos que aumentar más o menos ese factor solar.
Es importante que sepamos el fototipo de nuestra piel para adecuar la protección a nuestras necesidades. No requiere la misma protección una persona morena con piel oscura que una rubia o pelirroja con pecas o piel blanca.
La protección solar debe aplicarse siempre antes de la exposición al sol y debe renovarse cada cierto tiempo y siempre después de tomar un baño. Tenemos que aplicarla con especial esmero en las zonas más sensibles de nuestra epidermis: pecho, nariz, mejillas, párpados o labios.
Más recomendaciones a tener en cuenta
Finalmente, es conveniente tener en cuenta varios factores importantes a la hora de disfrutar de la playa o la piscina:
- La exposición al sol afecta más a niños, ancianos y enfermos, y requieren mayor protección.
- El uso de desodorantes, colonias o perfumes puede llegar a provocar alergias al reaccionar ante los rayos del sol.
- Tenemos que proteger zonas más sensibles como la cabeza o los ojos usando gorras, sombreros y gafas de sol.
- Es importante también rehidratar nuestra piel después de tomar el sol.
- Después de un baño de mar es conveniente ducharse con agua dulce antes de tumbarse al sol, ya que las gotas de agua salada actúan como lupas que pueden provocar quemaduras en zonas concretas de nuestra piel.
- Las embarazadas deben tener un mayor cuidado a la hora de exponerse al sol.
Bronceado sin riesgos
Tomando como base todas estas recomendaciones, ya solo nos queda disfrutar de nuestras vacaciones y del sol que tanto ansiamos en los largos meses de invierno. Lucir un bonito bronceado sobre nuestra piel es algo muy agradable y que podemos lograr sin poner en riesgo nuestra salud. Podemos ya extender nuestra toalla sobre la arena o el césped y disfrutar de las bondades que gratuitamente nos ofrece el astro rey. Hay que aprovecharlo, que el verano dura siempre menos de lo que a todos nos gustaría.
