El terremoto de 8.8 grados en la escala de Richter que golpeó a Chile el sábado 27 de febrero también tuvo consecuencias sobre la estructura planetaria. Los grandes desplazamientos de masas de tierra subterránea cambiaron la distribución del peso del planeta.

Es el segundo gran terremoto de repercusión mundial, lo que genera preguntas acerca del momento geológico del planeta, y sobre la frecuencia con la que pueden ocurrir estos desastres naturales.

Movimiento en el eje terrestre

Según cálculos preeliminares dados a conocer por el geofísico de la NASA Richard Gross, el eje de la tierra se desplazó en ocho centímetros aproximadamente.

Los cambios en el eje terrestre no son extraños, pero generalmente suceden en forma paulatina por el movimiento natural de las masas de aire y agua. Estudios de la Nasa aseguran que los efectos del cambio climático estarían inclinando el eje periódicamente y que un ejemplo claro es el derretimiento de las capas de hielo en Alaska. Sin embargo, el proceso es lento y acumulativo.

Pero los grandes movimientos sísmicos aceleran estos cambios, como ya sucedió durante el maremoto y consecuente tsunami que azotó al sudeste asiático en el año 2004. En aquella ocasión el eje se desplazó 17,8 centímetros.

Acortamiento del día

Otra de las consecuencias del sismo fue que la Tierra alteró su velocidad de rotación. Al girar más rápido sobre su eje, el planeta perdió 1,26 millonésimas de segundos de duración del día. Por supuesto que esta variación es imperceptible, y según los expertos no puede ser causa de cambios en el clima u otras derivaciones de mayor gravedad, pero sirve de medida para entender la fuerza del fenómeno.

Isla elevada

Mediciones realizadas por expertos de la Universidad de Liverpool registraron una elevación de la isla Santa María, cerca de Concepción, de dos metros por sobre su nivel. Un fenómeno que ya había documentado Charles Darwin cuando, tras el terremoto ocurrido en Concepción en el año 1835, describió cómo la Isla Mocha se elevó más de un metro.

Estadísticas reales

El cinturón de fuego del pacífico es una de las zonas más propensas a sufrir terremotos y maremotos. Esto es detectable a simple vista si se observa el gráfico de epicentros de los más de 350.000 sismos documentados por la NASA entre 1963 y 1998.

La gran repercusión que han tenido los terremotos ocurridos este año en Haití y Chile, por la pérdida de vidas y la destrucción material, provocan inquietud y generan una duda. ¿Aumentó la cantidad de sismos en el mundo? Esta pregunta se vuelve más inquietante cuando se recuerda la teoría según la que se debe esperar un Gran Terremoto, o “Big One”; o las profecías apocalípticas que circulan en estas épocas.

Según los registros, y teniendo en cuenta el aumento en la capacidad para medir y localizar movimientos telúricos, desde el año 1900 el promedio de sismos de 5.0 o más en la escala de Richter es de unos 1500 por año. En lo que va del 2010, y con datos oficiales hasta el 4 de marzo, ya sucedieron 452 episodios dentro de este valor.

Si bien este número es superior a la media, y es evidente que las placas tectónicas están en un período de reacomodamiento, los datos aún no representan una anomalía grave con respecto a los años anteriores.

Durante años los científicos han debatido la posibilidad de anticiparse a estos desastres, pero la ciencia aún no tiene respuestas eficaces, y es probable que nunca las tenga. Los terremotos son una realidad con la que la humanidad debe convivir, y esperar que el planeta sea benévolo mientras encontramos los métodos de prevención más eficaces.