La definición más simple del conocimiento nos habla de obtener información acerca de un objeto. Pero sin duda es mucho más que eso. De hecho, la teoría del conocimiento se entronca dentro de la filosofía. Desde Platón a Aristóteles, desde Descartes a Leibnitz, o desde Kant a Hegel, en todos ellos se percibe la querencia a la universalidad; la alineación con el ser, con la esencia, con el conocimiento.

A niveles más prácticos puede decirse que existen cuatro elementos básicos en el proceso del conocimiento. El primero de todos es el sujeto que conoce, después está el objeto conocido, seguido por la propia operación de conocer y, para terminar, el resultado que se obtiene, o sea la información relativa al objeto conocido.

Filosofía y conocimiento

Los sofistas, ya en siglo V a.C., pusieron en tela de juicio la posibilidad de que existiera un conocimiento fiable y objetivo. Platón, por el contrario, defendía que si bien este existía y podía adquirirse, la percepción de las cosas que se ven o se palpan son copias imperfectas de las formas puras expresadas a través de la matemática y la filosofía. El verdadero conocimiento, por ende, dimanaba del razonamiento abstracto.

Aristóteles compartió parte de la teoría de Platón en cuanto al conocimiento abstracto, pero no así con el método para alcanzarlo. Según Aristóteles buena parte del conocimiento procedía de la experiencia. La observación y las reglas de la lógica que expuso Aristóteles echarían por tierra buena parte de los postulados sofistas. Posteriormente las escuelas estoica y epicúrea mantendrían la conexión entre la percepción y el conocimiento, aunque sin considerar la filosofía como un fin en sí mismo, sino como una herramienta práctica para llegar al conocimiento.

Tuvieron que transcurrir varios siglos antes de que se retomara el interés por el conocimiento. Santo Tomás de Aquino, junto a otros filósofos de Edad Media, reciclaron el modelo aristotélico aceptándolo como el medio que tiene el intelecto para alcanzar el conocimiento, aunque eso sí, considerando que la fe depositada en la autoridad bíblica debía ser la fuente principal.

Niveles del conocimiento

El conocimiento se puede obtener de distintas formas. Se considera que el ser humano percibe un objeto en tres niveles diferenciados: el sensible, el conceptual y el holístico.

El conocimiento sensible consiste en captar el objeto mediante los sentidos. El segundo nivel, el conceptual, es algo más complejo, ya que se trata de una representación inmaterial, aunque no por ello menos esencial. Uno puede tener el conocimiento sensible de su propia madre, que es singular, pero al mismo tiempo también poseer el conocimiento conceptual de madre aplicado a todas las madres, por lo que se trata de un concepto universal. El tercer nivel, si cabe, todavía es más complejo. El conocimiento holístico, que podría equipararse a la intuición, carece de formas, dimensiones o estructuras que son característicos de los otros dos niveles. Por lo tanto la complejidad ya es inherente hasta en su propia definición. Podría decirse que se percibe como un elemento de la totalidad, una vivencia que se capta pero que difícilmente va a poder comunicarse a los demás.

Tipos de conocimiento

Se pueden distinguir cuatro tipos de conocimiento; cotidiano, técnico, empírico y científico.

El conocimiento cotidiano es el que se encuadra dentro de los quehaceres que el ser humano lleva a cabo en su día a día. Esta actividad ha servido para acumular múltiples y valiosas experiencias que se han transmitido de generación en generación. Son respuestas a necesidades vitales que ofrecen resultados útiles y prácticos.

El conocimiento técnico es fruto de la experiencia. Su origen está en la experimentación que termina dando una respuesta universal que se aplica y circunscribe a otros objetivos similares.

El conocimiento empírico está basado en el saber popular. Se obtiene por azar mediante múltiples y variadas tentativas. Carece de métodos o técnicas, adquiere forma a partir de lo aparente, es sensitivo y escasamente preciso.

El conocimiento científico, a través del procedimiento empírico, trasciende el fenómeno para conocer las causas y leyes que lo rigen. Se adscribe a la certeza por cuando explica sus motivos. Es metódico y sistemático, ya que el objetivo se alcanza mediante el conocimiento de las leyes y principios que lo rigen.

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