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Si existe un lugar donde monumentalidad, recogimiento, historia, magia y vistas sobrecogedoras se funden en una comunión perfecta ese es Gerona. Para los que la conocen la ciudad más bonita de Cataluña, Gerona es sin embargo una gran desconocida para el turismo de masas, que sí ha invadido en cambio las playas de la provincia (Costa Brava). Vaya por delante que una jornada se antoja poco tiempo para adentrarse en los muchos atractivos de la Gerunda romana. Con todo, será más que suficiente para enamorarnos de ella para siempre.
Casco histórico de Gerona
Antes de penetrar en el centro urbano por cualquiera de los puentes que a él dan acceso, conviene detenerse para contemplar la inolvidable instantánea que ante nosotros se presenta. Al otro lado del río, las viejas "casas colgadas" sobre el río Oñar y su desconcertante variedad cromática de ecos mediterráneos se erigen en insólita antesala de la colosal plétora de piedra, sobriedad y misterio que se alza tras de ellas.
Como si de un viaje en el tiempo se tratase (pocas capitales de provincia pueden presumir de un casco antiguo tan homogéneo e inalterado), un instante después de cruzar el Oñar nos hallaremos en una ciudad medieval de cuestas, calles empedradas y umbrías arcadas. En el antiguo barrio judío (call jueu), por cuyos intrincados vericuetos es obligatorio perderse, esta presencia de la Edad Media se hace aún más palpable.
Una vez hayamos salido de nuestro arrobo, la visita deberá continuar hasta la catedral, que impresiona por su majestuosa robustez. Construida a lo largo de siete siglos (XI-XVIII), solo conserva de su etapa inicial una torre y el claustro, uno de los más sublimes del románico catalán. Su única nave, tan amplia como lóbrega, está considerada la segunda más ancha del mundo -solo por detrás de la de San Pedro del Vaticano- y transmite una abrumadora sensación de espiritualidad.
Por la bellísima escalinata que parte de la no menos bella fachada principal bajaremos en dirección a los Baños Árabes y, posteriormente, a la Iglesia de San Feliú, de llamativa torre y que alberga en su interior ocho extraordinarios sepulcros paleocristianos. Otras encantadora iglesias, ambas del siglo XII y de estilo románico-lombardo, son las de Sant Nicolau y Sant Pere de Galligants, esta última con un delicioso parquecito junto al ábside.
Jardines de Gerona
Las zonas verdes de Gerona constituyen precisamente otra agradable sorpresa para el turista. Concentradas en su mayor parte en torno a la imponente muralla medieval que cierra el casco antiguo por el este, proporcionan un agradable espacio para el descanso y el esparcimiento.
Los jardines de la Francesa, en la parte alta del Barri vell, son sin duda los más bucólicos de todos, y cuentan además con el aliciente de ser el punto de entrada al Paseo de la muralla (que discurre sobre los propios muros), desde el cual se disfruta de una insuperable panóramica de toda la ciudad. Igualmente adyacente a la muralla, el Jardín de John Lennon tampoco defraudará.
El valle de Sant Daniel, próximo a la rivera del Ter -al que podemos bajar a pie- y al popular barrio de Pedret, es otro referescante paraje, mucho más silvestre que los anteriores, circunstancia que sorprende dada su increíble cercanía al casco antiguo.
Por último, el Parque de la Dehesa, que con cuarenta hectáreas figura como el parque urbano más extenso de Cataluña, contiene paseos, lagos, jardines e incluso columpios para los más pequeños.
Dónde dormir en Gerona
Si, por desgracia, solo vamos a pasar una noche en Gerona, qué mejor que disfrutar de su magia medieval también de puertas para adentro. Esto es posible en varios hoteles del casco antiguo que se encuentran ejemplarmente integrados en el paisaje de piedra de la capital gerundense.
Entre ellos, brilla con luz propia el Llegendes de Girona, exclusivo alojamiento que ofrece todas las comodidades que uno pueda imaginar en una atmósfera donde verdaderamente se siente el peso de la historia. Situado a escasos metros de la iglesia de Sant Feliú, cada una de sus habitaciones está dedicada a una leyenda de Gerona y decorada en consonancia con ella.
Los detalles para mimar al cliente (como cortinas replegables mediante control remoto o una ducha con un relajante sistema de lluvia) son infinitos, y las vistas de la iglesia contigua soberbias. El ambiente de silencio inveterado que aquí se respira servirá de perfecto broche final a nuestra breve estancia en esta cautivadora ciudad a la que seguro volveremos.
