Luz y tiempo: eso es la fotografía. Y con estos elementos  se trabaja desde los tiempos del daguerrotipo, allá por la primera mitad del siglo XIX. Uno de los pequeños inconvenientes de aquella época residía en que para realizar una fotografía debíamos emplear como poco y en buenas condiciones de luz unos diez minutos.

Estaremos de acuerdo en que algo se ha mejorado desde entonces.

De la película sensible al sensor digital

En fotografía todo parte del principio de cámara oscura. No es otra cosa, con algunos ajustes, lo que tenemos en nuestras manos, pues una cámara de fotos, reducida a sus componentes más básicos, es simplemente una caja con una abertura cuyo fin es admitir luz durante cierto tiempo y un dispositivo sensible para retener la imagen formada.

Para capturar y almacenar esta imagen, las cámaras fotográficas utilizaban hasta hace relativamente pocos años una película sensible, mientras que en la actualidad, en la fotografía digital, se emplean, generalmente, sensores y memorias digitales.

Tipos de cámaras

Hoy en día podremos decidirnos entre dos clases fundamentales de cámaras digitales: las compactas y las réflex. La pregunta salta al instante: ¿cuál elijo?

Si vamos a utilizar la cámara ocasionalmente y con idea de imprimir las imágenes en papel tamaño estándar lo más adecuado será una compacta: fácil de manejar, pequeña, asequible para el bolsillo y con buenos resultados.

Si, por el contrario, vamos a hacer un empleo más continuado y queremos, además, darle nuestro toque personal, creativo e imprimir nuestro trabajo en formatos mayores, en tal caso compraremos (o nos regalarán, si nos portamos bien) una réflex.

La cámara réflex

En el mercado hay una gran variedad de tipos y marcas. Desde las más sencillas hasta las más sofisticadas, pero, como ya sabemos, todas responden al original fundamento de la cajita con orificio.

Con ellas podremos realizar fotos de gran calidad incluso en condiciones difíciles de luz o movimiento. Tendremos básicamente dos opciones: dejar que la cámara decida todo, con lo que nos limitaremos a encuadrar, enfocar el motivo y disparar, o elegir el modo manual y ser nosotros los que tomemos las decisiones sobre los tres parámetros mágicos.

Los elementos básicos

Una fotografía surge de la combinación de tres parámetros: diafragma o apertura (nuestro agujerito), velocidad de obturación (el tiempo que estará abierto el diafragma) y la ISO (sensibilidad a la luz que elegiremos para nuestros sensores)

En las cámaras y objetivos la apertura del diafragma viene señalada por los números f , y determina la cantidad de luz que llegará al sensor (influirá en la exposición y en la profundidad de campo) Los valores van generalmente de f/3,5 a f/22 siendo los números más pequeños los que indican mayor cantidad de luz, y viceversa (f/5=mucha luz, f/22=poca luz)

La velocidad de obturación nos servirá para decidir cuánto tiempo dejamos pasar la luz (la velocidad a que se abre y cierra el obturador). En este caso los valores pueden ir desde 30 segundos a 1/2000. Es natural pensar que si la exposición dura mucho tiempo nuestra imagen saldrá movida y, para evitarlo, necesitaremos algún soporte para la cámara.

Uso del trípode

De manera aproximada diremos que:

  1. Desde 30 segundos a 1/8 necesitaremos trípode.
  2. De 1/8 hasta 1/60 nos andaremos con cuidado y mantendremos el pulso o nos apoyaremos en algo (también podemos emplear nuestras piernas como trípode improvisado).
  3. De 1/60 en adelante tendremos plena seguridad.

Número ISO

Tan importante como los dos anteriores elementos lo es también el ISO: sensibilidad a la luz de nuestro sensor. Sus valores normales van desde los 100 ISO a los 1 600. Cuanto mayor sea el número de ISO mayor será la sensibilidad. ¿Qué quiere decir esto? Básicamente que si estamos en la calle y el día es soleado necesitaremos poca sensibilidad y con 100 o 200 nos bastará. Si, por el contrario, estamos en condiciones de poca luz (es de noche o estamos en un lugar oscuro) necesitaremos mayor ISO para captar la poca luz que haya (800 o 1600)

A disparar

Con estos conceptos bien claritos ya podemos comenzar a trabajar y, ya sabéis, la mejor manera de aprender es equivocarse, así que a hacer muchas fotos. Sabiendo jugar con nuestros tres elementos y con un buen encuadre de nuestros motivos seguro que pronto obtendremos resultados sorprendentes.

Espero haberos aportado algo de luz.