Ámbar, petit-grain, tuberosa, pachoulí... Todas son palabras que resultan conocidas en lo referente a la composición de una fragancia, y hasta tal vez tengamos la capacidad olfativa de reconocer su impronta. Pero ¿cuál es su origen? ¿Cómo se extraen? Más allá de la simple curiosidad por saber las respuestas, es importante tener en cuenta estas cuestiones, pues determinan el costo y la calidad (y hasta incluso conllevan implicaciones éticas) al momento de elegir un perfume.

Ingredientes vegetales

Las flores de pétalos gruesos son las que tienen más cantidad de aceite para poder extraer. Las más aromáticas son las flores blancas, exceptuando la rosa. Es muy común la creencia de que los aceites esenciales vegetales son exclusivamente florales, pero en realidad se extraen también de otras partes de la planta: brotes, tallos, hojas, madera, frutos, semillas, rizomas, resina y corteza.

Aunque en algunos casos toda la planta contiene una misma fragancia, en otros se consigue una esencia diferente de cada parte. Por ejemplo, se obtiene neroli del naranjo amargo, aceite de azahar de sus flores, aceite de naranja amarga de su piel y petit-grain de sus hojas, ramas y pequeños frutos.

Ingredientes animales

En su estado original, son tan potentes que provocan náuseas. Para ser utilizados, deben diluirse considerablemente. Eran excelentes fijadores, porque permitían prolongar la vida útil del perfume y su duración en la piel. El ámbar gris, la algalia, el almizcle y el castóreo eran la base de los mejores perfumes.

Desde que la perfumería moderna empezó a fabricar perfumes a escala industrial, sumado al surgimiento de conceptos como la defensa de los animales y la belleza ecológica, prácticamente ha desaparecido la utilización de estos ingredientes, además de que su cantidad es muy escasa para abastecer al mercado actual. Su uso se reserva sólo a perfumistas especializados en métodos antiguos y el resultado es un producto extremadamente caro.

Ingredientes sintéticos

Hasta finales del siglo XIX, la preparación de esencias era exclusivamente con ingredientes naturales. Aunque a veces el proceso de extracción se hacía en una operación sencilla, otras era muy lenta, y la cantidad obtenida era muy pequeña. Así que se empezó a experimentar químicamente para poder lograr imitaciones aceptables de la original.

Se han descubierto entre 500 y 600 fragancias vegetales, pero es una cifra que no tiene comparación con la cantidad de miles que se pueden lograr sintéticamente. Algunos ejemplos son el hexahidro hexametil -utilizado para imitar al almizcle- , el amil salicilato y el grupo de los aldehídos -el primero en utilizarlos fue Ernest Beaux cuando creó el Chanel N°5.

Procedimientos de extracción

Uno de ellos es la destilación, que consiste en introducir el material vegetal en agua hirviendo para que el aceite esencial se evapore. El vapor se condensa y se convierte en líquido, pero el aceite flota y es recogido. El proceso se puede repetir varias veces para obetener mayor concentración.

Otra técnica es la extracción de solventes volátiles. Se coloca el material aromático en una placa metálica perforada. Se pasa por encima un solvente volátil, como el éter, para que conduzca el material aromático a un lugar donde se convierte en una masa o "concreto". Luego se agrega alcohol para extraer el aceite más puro y concentrado posible, llamado "absoluto". Es un producto muy caro.

El enfleurage es una técnica usada ya por los antiguos egipcios, que consiste en dejar las flores en aceite o grasa para que absorba la fragancia. Comenzó a usarse comercialmente en Francia a partir del siglo XVII, especialmente con el jazmín, pero dejó de utilizarse en el siglo XX, debido a su complejidad.

También está el proceso de expresión para extraer el aceite aromático de las cortezas de los cítricos. Las cortezas se exprimen con rodillos y el aceite se separa después por centrifugado.

Un proceso más nuevo, aunque oneroso, es el headspace technology ("tecnología espacio de cabeza" o "tecnología de las flores vivas"). Permite reproducir virtualmente cualquier fragancia, desde el de una flor al de unos zapatos viejos. Se pone el objeto aromático en un contenedor y se extrae el aire, provocando el vacío, para que comience a despedir la esencia. Luego, esa exudación pasa a una cabina donde los gases son analizados y medidos. Esto permite obtener la combinación exacta de elementos químicos que hacen al aroma para poder reproducirlo en mayor escala.