Los niños necesitan límites. En la medida que los padres ayuden a generar hábitos de limpieza y responsabilidad, el orden puede generar disciplina y autocontrol. Sin embargo, los niños pasan por diferentes etapas y no es raro que se vuelvan tímidos, flojos o agresivos durante el desarrollo, como si mutaran inesperadamente en algo distinto a su naturaleza. Frente a situaciones delicadas como el fracaso escolar, la desobediencia o los comportamientos agresivos, bien vale el esfuerzo armarse de paciencia y comenzar a explorar alternativas que excluyan el maltrato físico y aseguren el camino hacia la tolerancia y el respeto.

Varios especialistas afirman que en los hogares donde se practica la comunicación existen mayores probabilidades de asignar responsabilidades, compartir tareas y establecer la armonía como espacio para la convivencia. Un adolescente evitará hacerse cargo de las tareas que siente impuestas en contra de su voluntad o aquellas en las que no tiene derecho a opinar. “Una manera excelente de superar la brecha de comunicación entre padres e hijos es conocerse mejor”, propone Sean Covey en Las 6 decisiones más importantes de tu vida, editado por Grijalbo.

El conocer anécdotas, historias y gustos no sólo favorece a crear una imagen más flexible de los padres, sino que estimula el hábito de escuchar, la empatía y, en la mayoría de los casos, motiva al inicio de actividades compartidas que redundarán en una relación respetuosa y cordial con muchas historias que celebrar y compartir.

Ponerse en el lugar de su hijo

Dos adolescentes deshicieron trazar una guía para la reconciliación entre los padres y los hijos en pleno desarrollo. Para entender el punto de vista de los jóvenes sobre temas como disciplina, sexo, autoridad y confianza, Hilary Frankel y Lara Fox decidieron registrar sus experiencias durante la adolescencia y apostaron por facilitar la comunicación entre padres e hijos. Con la asesoría de padres, psicólogos y orientadores, publicaron en 2007 el libro "Tú no me escuchas, yo no te entiendo", una guía que busca brindarle claves a los padres para estimular la comunicación y evitar que el tránsito a la adolescencia se convierta en un sufrimiento compartido y en ocasiones, difícil de superar.

Explicarle a un adolescente sobre las consecuencias que trae consigo el abandono de las responsabilidades o el manejo inadecuado de las horas de ocio puede resultar agotador y hasta frustrante si no se obtiene la respuesta que se espera. No obstante, si se establece una conversación amena, se negocia y se reparten las responsabilidadeds, la situación puede cambiar favorablemente.

“Si entras en su habitación e inicias una conversación casual, tu hijo no sentirá la necesidad de ponerse a la defensiva. Te hablará en tono civilizado y, aún más importante, admitirá que es un error ponerse a la defensiva”, recomiendan estas chicas.

Los padres que desea comunicarse deberían

  • ir nunca y prestar atención. Aunque le parezcan cosas nimias, no olvide que para su hijo se trata de un asunto de vital importancia lo que le está diciendo
  • hijo a participar de actividades y responsabilidades en vez de imponer tareas pesadas, gritar o agredir física y verbalmente si no se cumplen las tareas en el tiempo estipulado.
La crianza supone probar, innovar, desechar algunos métodos y por sobre todo, ser pacientes y cariñosos. Recuerde que de las actitudes que se establecen como padres depende, en gran medida, el comportamiento y las reacciones de los hijos. Pruebe comunicarse con cariño y sorpréndase de los resultados.