La comunicación consiste en un proceso de ida y vuelta que va más allá del acto de informar o transmitir conocimiento, y que ha sido inseparable de la relación dialéctica entre hombre y sociedad. El lenguaje, articulador del significado, constituye un elemento fundamental en el proceso. La comunicación no verbal, constituida por gestos, posturas y uso de ciertos objetos, puede acompañar al lenguaje verbal e incluso reforzarlo o sustituirlo.

En esta sociedad del conocimiento la información es poder y la comunicación, la herramienta para obtenerlo. Su manejo adecuado se vuelve fundamental, y el papel de la comunicación no verbal cobra una importancia cada vez mayor.

Esta se vuelve foco de análisis en ámbitos como el lugar de trabajo, donde el creciente empleo de instrumentos de selección, influenciado por la gran demanda y especialización, se vale necesariamente de la interpretación de signos, señales, presentes en la faceta no verbal de la comunicación.

Por otra parte, las relaciones entre géneros han sido a su vez un componente fundamental de la vida común, hallándose presentes en todas las sociedades. Estas relaciones se manifiestan en ámbitos muy diversos, entre ellos se encuentra también el lugar de trabajo.

¿Qué sucede cuando la actividad no verbal de naturaleza sexual se manifiesta en este espacio? ¿A qué interpretaciones puede dar lugar? ¿Cómo pueden influir dichas interpretaciones en la vida laboral de los individuos?

La desigualdad de géneros

Estos planteos presuponen la existencia de una desigualdad de géneros, especialmente en la diferencia de roles asignados a cada sexo en la vida social. A pesar de los numerosos movimientos hacia su franqueo, esta desigualdad se halla presente desde tiempos ancestrales y persiste de una u otra manera al menos en cierto grado e implícitamente.

Por otra parte, hombres y mujeres poseen conceptos diferentes respecto a la interpretación de la conducta no verbal y de carácter sexual que pueden ser transmitidos en el ámbito laboral.

Perspectivas femeninas

Entre los comentarios más frecuentes de las mujeres respecto a los hombres con los que comparten su empleo se encuentran aquellos vinculados a la falta de comprensión y otros entendidos como agresión, calificados de acoso sexual. Esto no siempre incluye conductas en las que existe un evidente abuso de autoridad, propuestas indecentes, lenguaje obsceno o violencia física.

A veces, los hombres se manifiestan a través de gestos, acciones, posturas poco claras que producen incomodidad y hasta miedo entre las mujeres, llegando a situaciones insostenibles para ellas, en las que incluso pueden cuestionarse su continuidad laboral.

En otras ocasiones, algunos mensajes son interpretados como ofensivos, agresivos, involucrándose las partes en un conflicto más grave y de consecuencias más trascendentes. Sin ir tan lejos, tan sólo una mirada o un tono de voz determinado pueden ser consideradas una falta de respeto desde el punto de vista femenino.

Perspectivas masculinas

No sucede lo mismo entre los hombres en la mayoría de los casos. Por ejemplo un gesto vulgar puede formar parte de ciertos códigos que manejen en común cotidianamente, incluso con una connotación jocosa, mientras que el mismo probablemente sea hiriente para una mujer.

La diferencia de pensamientos se hace más evidente si tratamos de imaginar una situación inversa, en que un hombre fuera el que se sintiera intimidado, discriminado, acosado; en comparación, prácticamente no existirían casos.

Si bien un gran número de mensajes no verbales que muchos hombres consideran naturales, apropiados en el mundo laboral, no son vistos del mismo modo por el otro género, los mismos no se circunscriben a dicho espacio, sino que se extienden a todos los ámbitos de la vida.

La divergencia de pensamiento acerca de estos mensajes tiene una marcada raíz en las interpretaciones tradicionales de las mujeres que están fuera del medio laboral por parte de los hombres.

La imagen objetivada de la mujer

Ciertas características corporales, vestimenta, objetos, pueden tener un significado sexual para los hombres, vinculado en gran medida a los contenidos transmitidos por los medios masivos de comunicación. Estos contribuyen a mantener y difundir una imagen objetivada de la mujer, seductora, lujuriosa y complaciente, que se afianza en las mentes de ambos géneros.

Por otra parte también mantiene la consistencia del estereotipo de macho dominante que debe tomar la iniciativa sexual. Estrechamente vinculada con este universo, la publicidad es asimismo otra fuente de malas interpretaciones.

Como alternativa a las imágenes tradicionales que presentan a las mujeres como preocupadas casi exclusivamente por atraer a los hombres físicamente y tentarlos sexualmente, los movimientos feministas luchan desde hace décadas por una igualdad de género.

Sus luchas han tenido influencia en el campo del trabajo, incluso en la sanción de normas que requieren la contratación de un mínimo determinado de mujeres para cubrir las posiciones laborales disponibles en una empresa.

Sin embargo, aún nos encontramos lejos de alcanzar una igualdad entre los hombres y las mujeres en el acceso a puestos de trabajo, en los roles y tareas desempeñados y en el desarrollo de una carrera. En estas circunstancias, es todavía más lejano conseguir una homogeneidad de significados en los mensajes no verbales que pueden hacerse presentes en el ámbito laboral.

Conclusión

Los motivos de las distintas interpretaciones que surgen de la comunicación no verbal en un contexto de trabajo no pueden reducirse por ejemplo a una amoralidad masculina o a una excesiva sensibilidad femenina.

Los orígenes de estas diferencias se remontan a los comienzos de la historia y se encuentran fortalecidos por estereotipos que se han transmitido y transmiten culturalmente, en especial a través de los medios de comunicación masiva y de la publicidad.

A pesar de la lucha feminista por eliminar las diferencias de género, el ámbito laboral no permanece ajeno a lo que sucede en los demás espacios en que se desarrolla la vida cotidiana y gran parte de los hombres continúa en una posición tradicionalista.

Esta posición, en tanto no se flexibilice, seguirá marcando las relaciones laborales entre géneros, y a su vez, la comunicación entre éstos, con mal entendidos en la naturaleza sexual de ciertos mensajes no verbales.