La adicción a la compra, como cualquier adicción, se caracteriza por un impulso irresistible, en este caso dirigido a la compra de productos que, en el caso de las mujeres suelen estar relacionados con productos de belleza o ropa, mientras que en los hombres son más comunes los aparatos electrónicos, coches o material informático. La adquisición de estos productos, muchas veces innecesarios, se lleva a cabo aún que ello signifique quedarse sin el dinero destinado a otras necesidades básicas, incluso embarcándose en préstamos que se acumulan y ponen en peligro la estabilidad familiar.

Consumismo y adicción

La adicción a la compra, también conocida como compra compulsiva, se ha convertido en una realidad cada día más habitual en una sociedad donde el consumismo, basado en necesidades muchas veces creadas de un modo artificial, prolifera y se introduce en todos los ámbitos de nuestra vida.

La sociedad no suele auspiciar valores altruistas, más bien tiende a incitar los instintos más básicos. En definitiva; aquellos que mueven los engranajes económicos. El consumismo, disfrazado de necesidades espurias, constituye para muchas personas el baremo según el cual son valoradas por los demás. La felicidad, entonces, queda circunscrita a lo que se posee y a la capacidad para adquirir nuevas posesiones que suplantan una autoestima desplazada.

Adicción y economía

Como ocurre con todas las adicciones, la compulsión, unida a una falta de control cada vez más evidente, es el problema principal, pero al igual que ocurre con el resto de adicciones, hay otros problemas asociados. En este caso se trataría del dinero. A medida que aumenta la compulsión crece la ansiedad y mayores son los problemas derivados de la misma, convirtiéndose al final en un ciclo cerrado que no parece tener salida. Después de reiteradas compras inútiles y, en ocasiones, de jurarse que no volverá a ocurrir, se traspasan los límites: se agotan las tarjetas de crédito, se piden préstamos al banco, préstamos para pagar otros préstamos, se pide dinero a los amigos, a la familia y, finalmente, se termina tocando fondo.

Adicción a la compra; consecuencias

Las consecuencias más evidentes se plasman en la economía, como es fácil suponer, pero más allá del aspecto dinerario, también existen consecuencias psicológicas. La sensación de vergüenza, culpa y de pérdida de control que termina abarcando todos los ámbitos de la vida, pueden dejar a la persona sumida en la depresión que se suma a la incomprensión de su entorno más cercano.

Se calcula que un 3% de la población está afectado a niveles patológicos por lo que se ha dado en llamar una socioadicción. En esta categoría entrarían también la adicción al móvil o a internet. Muchos especialistas ya la consideran una enfermedad, a pesar de que oficialmente no está considerada como tal. Al igual que sucede con otras adicciones, este comportamiento compulsivo suele esconder otros tipos de problemas donde la baja autoestima es un elemento habitual.

Causas de la adicción a las compras

Según algunos estudios, las mujeres parecen ser más propensas a desarrollar este tipo de adicción. En cualquier caso se trata de un problema creciente cuyas causas más frecuentes son las que siguen:

  • Insatisfacciones, frustraciones y vacío existencial que se proyecta y trata de neutralizar a través de la compra compulsiva.
  • Influencia de una publicidad agresiva que pervierte la escala de valores, situando la felicidad y el bienestar en los objetos materiales; una felicidad que caduca muy pronto y que hace necesaria la adquisición de nuevos objetos en un ciclo interminable y vacío.
  • La idea de prestigio social y el afán por destacar del resto, asociado a la adquisición de bienes.

Compra compulsiva: tratamiento

Es habitual en todo adicto no reconocer el problema hasta que ya es demasiado tarde. Generalmente el adicto se da cuenta de que necesita ayuda cuando ya ha tocado fondo. Entonces, la ayuda de familiares y amigos será necesaria, pero más aún lo será la ayuda especializada. Desde una óptica psicológica, las terapias cognitivo-conductuales parecen ser las más indicadas. Las terapias de grupo o grupos de ayuda mutua, al poder compartir el problema con iguales, también es una alternativa muy válida y efectiva.

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