Los componentes de la sangre, en su parte líquida, lo constituye el plasma por el que circulan las células sanguíneas, mientras que la parte corpuscular está constituida por los elementos figurados, entre los que figuran los glóbulos rojos, también llamados eritrocitos o hematíes, los glóbulos blancos, también llamados leucocitos, y las plaquetas.

Glóbulos rojos o hematíes

Una de las principales funciones de los glóbulos rojos consiste en trasportar el oxígeno a las células y a los tejidos del cuerpo. El oxígeno entra en el cuerpo a través de los pulmones, atravesando las membranas de los alvéolos pulmonares y captados por los glóbulos rojos. Después es transportado por el sistema circulatorio, difundiéndose a través de los capilares para llegar, finalmente, a las células. En este proceso las células producen CO2, que es recogido por la hemoglobina y trasportado de nuevo a los pulmones, por donde es expulsado.

La hemoglobina se halla en el interior de los glóbulos rojos. Se trata de una proteína que contiene hierro y que le otorga el característico color rojo a la sangre. Los glóbulos rojos se producen en la médula ósea gracias a una hormona del riñón llamada eritropoyetina. Esta hormona actúa en la médula ósea y estimula la producción de glóbulos rojos.

Para que la producción de glóbulos rojos sea la óptima se requieren ciertos factores fundamentales, como la vitamina B12, imprescindible para la síntesis y multiplicación de las células, el ácido fólico, igualmente necesario para la síntesis de los glóbulos rojos, y el hierro, elemento esencial en la producción de la hemoglobina.

Las afecciones como la anemia hemolítica está relacionadas con la disminución de los glóbulos rojos, bien por factores externos o bien por causas relacionadas con los propios hematíes.

Glóbulos blancos o leucocitos

Entre las principales funciones de los glóbulos blancos está combatir todo tipo de infecciones, así como atacar a los cuerpos extraños; lo que, en ocasiones, puede llevar a los glóbulos blancos a atacar tejidos normales del propio organismo. Los glóbulos blancos, que reciben su nombre por el color que muestran en el microscopio, forman una parte importante de las defensas inmunitarias del cuerpo humano.

Existen diferentes tipos de glóbulos blancos: los neutrófilos, los eosinófilos y los basilófilos conforman el grupo conocido como polimorfonucleares, mientras que el grupo de los mononucleares está formado por los linfocitos y los monocitos.

El estudio y conteo de los glóbulos blancos es especialmente importante, puesto que la variación en cuanto a su cantidad puede ser un indicio de gran relevancia a la hora de diagnosticar enfermedades infecciosas, inflamatorias, cáncer o leucemia, entre otras afecciones.

Plaquetas

Las plaquetas constituyen otro de los componentes importantes de la sangre. Una de sus principales funciones consiste en evitar las hemorragias, formando coágulos en caso de cortes o ruptura de los vasos sanguíneos.

Las plaquetas proceden de la médula ósea y circulan con libertad por el torrente sanguíneo. Su aspecto es redondeado y liso, aunque al activarse, en caso de herida, se conectan unas a otras adquiriendo un aspecto más rugoso y se adhieren a la pared del vaso sanguíneo dañado, creando una especie de tapón provisional que detiene la pérdida de sangre. Las plaquetas se sirven de la fibrina, una proteína que se halla presente en la sangre y que utilizan para formar una red en la que atrapan hematíes para formar el coágulo.

Plasma sanguíneo

El plasma sanguíneo es la parte líquida de la sangre y el componente mayoritario, constituyendo el 55% del volumen total. Su composición se divide en un 90% de agua, un 7% de proteínas y un 3% restante en el que se encuentra glucosa, vitaminas, grasa, hormonas, oxígeno, gas carbónico y nitrógeno.

Las proteínas plasmáticas tienen diversas funciones, como mantener el volumen plasmático y la volemia; es lo que se conoce como función oncótica. Su participación en la estabilidad del pH sanguíneo se conoce como función tampón. La función reológica tiene que ver con la viscosidad de la sangre lo que, a su vez, guarda relación con la resistencia vascular periférica y con la tensión arterial. Y por último está la función electroquímica; lo que se conoce como efecto Donnan, y que consiste en la intervención en el equilibrio electroquímico de concentración de iones.

Existen diferentes tipos de proteínas plasmáticas. La albúmina interviene controlando el nivel de agua en el plasma sanguíneo, así como en el transporte de lípidos en la sangre. Las globulinas son proteínas que se encargan de los mecanismos de defensa del organismo. Y para finalizar está el fibrinógeno, que es una proteína básica para que se efectúe correctamente la coagulación de la sangre.

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