No parecería demasiado juicioso lanzar invectivas sobre dos de las virtudes más ensalzadas, en general y, sobre todo, desde los posicionamientos religiosos. Piedad y compasión son términos muy similares y tienen, sin duda, sus aspectos positivos, además de ser dos cualidades eminentemente humanas. También puede hacerse sobre ellos otra lectura más crítica, aunque en primer lugar convendría definir qué significa el concepto compasión.

¿Qué es la compasión?

La compasión significa, literalmente, sufrir juntos. Se trata, entonces, de un sentimiento social que ha desarrollado el ser humano y que se podría equiparar a la empatía; la capacidad de ponerse en la piel de otra persona y, sobre todo, en este caso en particular, de comprender su estado emocional, tratando de hacer alguna cosa para tranquilizar a la persona afectada y minimizar en lo posible su sufrimiento. La compasión sería, en este caso, la empatía pasando a la acción. A modo de síntesis, la compasión podría definirse como sentir y compartir. Por otra parte, la compasión no es equiparable a la lástima, ya que esta última no suele asociarse a la acción. Además, mientras que la compasión, por decirlo de este modo, mira de tú a tú, en la lástima se observa al otro desde la distancia o incluso la superioridad.

Evidentemente, este sentido de la compasión beneficia al receptor, pero también al que da, tal como lo describe el Dalai Lama: “Si quieres que otros sean felices, practica la compasión. Si quieres ser feliz tú, practica la compasión”. La compasión, en tanto que se refiere a la acción y la empatía, no está en absoluto alejada del amor. Así lo describe el filósofo alemán Arthur Schopenhauer: “Todo amor genuino es compasión, y todo amor que no sea compasión es egoísmo”.

Aspectos positivos y negativos de la compasión

Como decíamos, compasión y piedad son dos conceptos parecidos, con una connotación que los acerca al terreno teológico, aunque más allá de su utilización religiosa, ambos términos transmiten una actitud bondadosa y bienintencionada.

Un análisis más profundo, sin embargo, también puede sacar a la luz aspectos no tan positivos, tanto para la parte activa –quien practica la compasión– como para la parte pasiva –o receptora de la compasión–. Y es que la compasión y la piedad, efectivamente, pueden tener diversas lecturas. La parte activa, es decir, cuando piedad y compasión se convierten en ayuda activa y constructiva, nos lleva a hablar de la parte positiva. La cara negativa surge cuando la compasión o la piedad se convierten en una dádiva que, por lo que respecta a la parte dadora, apenas sirve para otra cosa que para tranquilizar o acallar la conciencia. Y en cuanto a la parte pasiva o receptora, este tipo de compasión o piedad tiende a aportar soluciones a corto plazo, al tiempo que se convierte en un lastre o freno al incentivo o ayuda que debería servir para que el receptor pudiera superar las adversidades, generando sus propios recursos y huyendo de la dependencia.

Compasión e indiferencia

Ciertamente, a todas las cosas se les puede encontrar su vertiente positiva y negativa. Ateniéndonos a la definición del término compasión, así como a sus connotaciones empáticas, podríamos concluir que uno de los antónimos de la compasión sería la indiferencia. No es nada nuevo decir que la indiferencia es una actitud que, en la actualidad, parece ser mucho más común que lo que acontecía en otros tiempos, donde las actitudes y los comportamientos solidarios tenían un valor que a día de hoy no forman parte de la práctica habitual del individuo corriente.

La nueva sociedad, trepidante, materialista, exigente e individualista, nos lleva a perder de vista lo que ocurre a nuestro alrededor y, sobre todo, lo que les ocurre a los demás. La sociedad actual, cada vez más egocéntrica, no deja mucho espacio para la compasión. La tendencia es que cada cual se preocupe de sí mismo. Los demás… ¡que se busquen la vida! como se suele decir.

Podéis seguir mis artículos en Twitter.