Mientras el estilo románico se construye sobre el terror del año mil, las peregrinaciones y el feudalismo; durante el siglo XIII, con san Francisco de Asís y la aparición de una nueva estructura social basada en la burguesía, se configura el arte gótico que se caracterizó por su naturalismo, a diferencia de la abstracción geométrica que definió a la decoración románica.

Las condiciones socioculturales de la Baja Edad Media

Toda una serie de calamidades asolaron a la Europa siglo X. Las invasiones de los húngaros, normandos y musulmanes generaron un clima de malestar que hicieron pensar en la llegada del Apocalipsis en el año mil. El fin del mundo no se produjo, pero llegaron el hambre y las enfermedades que explicarían la temática de la plástica románica llena de monstruos y visiones infernales junto con la insistencia en situar a la entrada de los templos la escena del Juicio Final.

Pero, con la llegada del siglo XIII, aparece la figura de san Francisco de Asís que transmitirá una nueva dimensión del hombre y una nueva atención a la naturaleza y a los animales. El cuerpo ya no será el miserable soporte del alma, sino la maravillosa obra de Dios. Se abandona el terror milenario y se abre una nueva era de amor a Dios y a la naturaleza.

Además, a partir del siglo XIII, se desarrolla una incipiente industria artesanal y un comercio creciente favorecido por las nuevas rutas abiertas por las Cruzadas que impulsaran la aparición de las ciudades donde surgirán los gremios y la nueva figura histórica del burgués.

Frente al románico monástico, feudal y agrario se formará el gótico burgués donde la catedral ciudadana sustituirá al monasterio aislado.

La escultura románica y la escultura gótica

La escultura es el arte decorativo que caracterizó a la etapa del románico. Durante este período la escultura se encuentra supeditada al espacio arquitectónico, sobre todo en los capiteles, circunstancia que precisa de retorcer las figuras en complicadas posiciones o romper con las proporciones humanas siguiendo la Ley de adaptación al Marco enunciada por Henri Focillon. Al escultor románico no le preocupan las incorrecciones porque su obra es un lenguaje que pretende ilustrar a los fieles analfabetos que tienen que leer las historias sagradas en estos relieves. Todo esto se puede observar, por ejemplo, en el capitel románico del monasterio de Santa María de Piasca, Cantabria, con el tema de La Adoración de los Reyes Magos.

Con la llegada del gótico, se experimenta un notorio cambio en la escultura. Aunque todavía formen parte de la arquitectura, un nuevo soplo de vida las anima y su valor plástico no está tan condicionado al lugar arquitectónico asignado. Al ser más independientes que en el románico, sus gestos y actitudes son más realistas y naturales.

Los ropajes de las esculturas

En las imágenes románicas caracterizadas por su tosquedad y antinaturalismo, por sus posturas hieráticas y falta de expresión en los rostros, los plegados de las ropas son severos, minuciosos, ajustados a unos cánones fijos y con arcaísmos como los paralelismos de los pliegues. Pero, al observar los plegados de las esculturas góticas, se advierte, enseguida, la gran libertad en el trazado, composición y modelado, características que vienen dadas por el interés hacia la naturaleza que caracteriza a esta etapa.

Las imágenes góticas y románicas

Durante el románico, los ejemplos de la Virgen y Jesús se repiten. Cristo aparece como una figura inexpresiva con corona de rey y no de espinas, un Dios crucificado ceñido a la cruz sin peso físico y que no sufre. En las figuras exentas de la Virgen con el Niño, el Niño y la Virgen miran al frente y no hay comunicación entre ellos.

En las imágenes góticas desaparece la frontalidad apareciendo la comunicación entre la Madre y el Hijo con juegos de manos y miradas. La Virgen gótica aparece como una joven dulce, bella y sonriente. Es una Virgen Madre que sostiene amorosamente a su hijo en sus brazos al que acaricia y con el que dialoga.

Algunos autores, entre ellos el sociólogo Von Martin explica la imagen románica del Cristo rígido que no sufre en la cruz como la concepción del Dios que triunfa y la Virgen con el Niño como Reina, Señora de su trono. Será en el gótico cuando cuando Cristo aparecerá como Hombre que sufre y la Virgen como Madre.

Elementos en las esculturas marianas románicas y góticas

Las Vírgenes románicas llevan, a veces, en la mano derecha la manzana del Paraíso mientras Jesús bendice con su mano derecha y en la izquierda sostiene los Evangelios que aluden a lo que el cristiano debe de saber para salvarse, una bola como señor del mundo o un cetro símbolo de su poder.

La Virgen gótica, como reina de los cielos, lleva una corona sobre su cabeza y el Niño también lleva en su mano izquierda el Evangelio, el cetro o el globo universal, aunque estos elementos, durante el Gótico, llegan a ser sustituidos por una flor o fruta que el Niño ofrece a la Virgen.

Observando las diferentes esculturas, se descubren los diferentes sentimientos religiosos de cada período. En la escultura románica se percibe la espiritualidad, los ideales de la vida eterna y en general una fe inspirada por el temor mientras que para los hombres de los siglos XIII hasta el Renacimiento, la fe es amor y esperanza, un cambio de mentalidad en la que intervinieron la nueva estructura social, y la evolución de los pensamientos filosóficos y teológicos con el despertar del Humanismo.