El mundo actual está adelantado con respecto a tecnología, pero todos estos adelantos han traído consigo la era de las influencias y de los jóvenes rebeldes.

Normalmente cuando un hijo cae en alguno de los vicios de la calle, los padres son los primeros que comienzan a sufrir las consecuencias y a veces no saben qué hacer para parar que el hijo se enderece y tome el camino correcto.

Las peleas, los insultos y los problemas son las primeras cosas que aparecen al tratar con el mismo y los padres habrán perdido el control sobre las cosas y lo único que podrán hacer es ver como su hijo se está hundiendo en un abismo sin salida.

Cuando un hijo cae en cualquier mal camino, esto debe ser interpretado como un desesperado grito de ayuda y adoptar una actitud de quemeimportismo no es lo más adecuado, pues aunque se pasen muchos malos ratos, es deber de los padres tratar de sacarlos hasta que lleguen a la mayoría de edad, porque luego de esto ellos serán responsables de sus actos.

Cuando un hijo ha entrado en pandillas, se ha hecho adicto a las drogas o ha adquirido cualquier otro vicio, si es menos de 18 años, los padres aún están a tiempo de hacer la lucha por ese hijo.

Intentar hablar

A veces no resulta de nada conversar con estos jóvenes, ya que tienen la mente tan desviada, que nada de lo que escuchen los hará recapacitar. Sin embargo es necesario primero intentar utilizar la conversación como medio para descubrir información que sea importante.

Los jóvenes suelen desviarse cuando hay problemas en el hogar, cuando tienen amistades inadecuadas que los incitan y a parte tienen debilidad de carácter o cuando su personalidad marca la tendencia a buscar las cosas malsanas.

En los dos primeros casos, aún hay esperanza, pero en el último caso probablemente el joven se niegue a cambiar, así los padres hagan el intento muchas veces.

Ser enérgicos

Los padres no deben adoptar actitudes que denoten debilidad, sino fuerza de carácter. Un hijo debe ver a sus padres como figuras de autoridad.

Durante el proceso es necesario negar permisos, quitar privilegios, vigilar constantemente y evitar también gritos o golpes. La actitud debe ser enérgica para infundir respeto, pero no debe ser exagerada, porque esto hará que el joven busque la forma de escapar o que reaccione pero de lo que se espera.

Ayuda profesional

Sea cual sea el caso, la ayuda profesional es indispensable. Si el joven no quiere aceptar, hay primero que tratar de convencerlo que es lo mejor, con métodos suaves y con explicaciones que lo ayude a reflexionar.

Si el problema no se soluciona con estos métodos, no hay otra forma que imponer la voluntad de adulto, pues será la única forma de salvar su futuro.

Mantenerlo ocupado

Es importante delegarle funciones y que las cumpla a cabalidad. Los quehaceres del hogar, ayudar a sus hermanos con las tareas, hacer mandados (vigilado), limpiar la casa, entre otras, son las cosas que se deben hacer mientras el joven se encuentra en el tratamiento, para que sea más sencillo olvidarse de ese vicio o mal camino tomado

Una persona que está inútil, es más propensa a cometer malos actos, ya que al tener la mente y el cuerpo libres, tendrá tiempo para pensar en cosas malas; en cambio si está ocupada, la mente se distrae de pensamientos malsanos.

Cabe destacar que no en todos los casos hay éxito, porque en parte dependerá de la voluntad del joven y si se niega rotundamente, será más difícil lograr algo.

De todas maneras hay que intentarlo, pues muchos jóvenes han logrado salir con éxito de esos malos pasos y se han convertido en personas de bien.