Hay que comenzar a comprender cuando se tiene realmente un mal día y cuando no, para eso es necesario distinguir los sucesos que resultan verdaderamente frustrantes de la simple necesidad de afecto y atención o de los vaivenes hormonales.

¿Qué situaciones justifican verdaderamente un mal día?

No se puede decir “Tengo un mal día” tan a la ligera cuando el mal humor deriva de uno mismo, de sus rarezas o de sus altibajos emocionales. Sin embargo sí que hay situaciones verdaderamente complicadas que generan un nivel de estrés comprensible para el entorno, como por ejemplo:

1. La muerte de un familiar cercano o de la pareja.

2. Un proceso de divorcio.

3. El fin de una relación sentimental.

4. El ingreso en prisión.

5. El diagnóstico de una enfermedad terminal, crónica o la amputación de algún miembro.

6. Un despido laboral o la expulsión de un centro académico.

7. Padecer acoso escolar.

8. El diagnóstico de una enfermedad grave a un familiar cercano.

9. Trabajar más de 40 horas semanales.

10. Problemas para distinguir la orientación sexual.

11. Padecer depresión.

Estas son algunas de las causas que son consideradas como susceptibles de generar estrés por los expertos en salud mental. Así que un día de apatía cualquiera no se puede considerar como malo.

Causas como padecer el síndrome premenstrual, una fuerte resaca, pelearse con un compañero de trabajo o simplemente no obtener el éxito deseado, no deberían desencadenar en un estado de melancolía ni de tristeza o agresividad.

Qué hacer para superarlo

Muchas personas necesitan una dosis extra de mimos cuando se sienten así, pero no siempre hay alguien disponible para ofrecer ni besos, ni abrazos, ni sexo como premio de consolación. A veces hay que aprender a superar un mal día a solas, pero ¿Qué se puede hacer?.

  • Pasar por el supermercado y comprar algo apetecible para comer, pero evitar hacerlo compulsivamente.
  • Desconectar al llegar a casa e intentar dejar de darle vueltas a la cabeza.
  • Ducharse con agua muy caliente, que actúa como relajante muscular.
  • Ver una película de cualquier género, de la que se tengan buenos recuerdos.
  • Si es posible, realizar solo las tareas imprescindibles, es el día perfecto para no hacer nada.
  • Dedicarse a los hobbies o practicar deporte.
  • No intentar buscar ninguna solución a los supuestos problemas. Los momentos de frustración no son los más adecuados para hacerlo.
  • Realizar actividades no trascendentales como leer revistas, navegar por Internet o escuchar música.
  • Desconectar el teléfono móvil.
  • En definitiva, dejar de autocompadecerse sin motivo.
No obstante todos los días no se pueden clasificar como malos, como excusa para hacer el vago. Los días grises, emocionalmente hablando, deberían ser la excepción a la regla general.

¿Cuándo se debe solicitar la ayuda de un profesional?

En ocasiones ese estado de ánimo tan negativo no solo no cesa, sino que aumenta con el tiempo. El sujeto que lo padece entra en un estado de anhedonia, de apatía y nada le provoca placer. Comienza a descuidar su aspecto, sus tareas y a sus propias amistades y el insomnio e incluso los pensamientos de suicidio comienzan a aparecer repentinamente. En ese caso se debe solicitar ayuda médica y psicológica, tal vez el paciente sufra un principio de depresión.

La depresión es una psicopatología grave, distinta de la tristeza, que interfiere de forma drástica en todas las facetas de la vida, tanto en el ámbito social, como en el laboral y el familiar. Normalmente se desencadena tras un acontecimiento negativo en la vida del paciente. Debe detectarse a tiempo y tratarse inmediatamente por profesionales, el 15% de las depresiones terminan en suicidio.