
- La muerte del hijo implica el renacer de sus papás - Banco de imagenes gratis
La muerte de un ser querido es uno de los eventos más dolorosos y complicados de superar; cuando se trata de un hijo la experiencia es aún más difícil. Se dice que el dolor nunca pasa por lo que la meta es aprender a vivir con él.
Después del fallecimiento de un hijo surgen múltiples sentimientos y pensamientos: la rabia, la pena, la culpabilidad y hasta razonamientos ilógicos afloran con fuerza en los padres como modo de expresar su dolor.
Los expertos aseguran que es necesaria la exteriorización de las emociones, pues de ser reprimidas podrían generar patologías: “Es el trayecto doloroso del duelo un trabajo sicológico necesario para que la pérdida no acabe derivando en una enfermedad mental”, explica la sicóloga Raquel Sáenz de Navarrete a elmundo.es.
Durante los primeros meses posteriores a la pérdida de un hijo pueden presentarse trastornos físicos como la disminución del sueño, el aumento del cansancio y algunas fallas en la memoria y concentración. Estas alteraciones son normales- a juicio de los expertos- pero en el caso de manifestarse con intensidad y en un período prolongado se aconseja acudir a un especialista.
La forma de vivir el duelo es individual por lo que el tiempo y la manera para retomar una vida relativamente normal dependerá de cada persona: “No se trata de un proceso con un inicio y un fin determinado sino más bien se trata de algo continuo que permanecerá durante mucho tiempo (…)”, comenta el sicólogo Juan Pedro Valencia en el sitio todopapas.com.
Retomar la vida y seguir adelante
El dolor por la pérdida de un hijo probablemente jamás sanará, pero se debe buscar la manera de curar esa herida hasta que logre transformarse en cicatriz.
Una de las formas más recomendadas por los expertos y que mejores frutos entrega a la hora de retomar el diario vivir es compartir la experiencia con otras personas que hallan pasado por la misma situación.
El grupo Renacer- presente en gran parte de América y España- ofrece ayuda a los padres que pasan por la tragedia de perder a un hijo. En este lugar se realizan charlas, talleres y encuentros sociales en conjunto con el apoyo de especialistas: “Los grupos permiten verse en el espejo de los demás lo que resulta sanador; ‘Si otros pudieron, yo también voy a poder’, es el mensaje que se trata de transmitir”, comenta Graciela Canteros, integrante de Renacer.
Uno de los pensamientos recurrentes en las parejas que pierden a un hijo es tener otro con el fin de aminorar la pérdida. Frente a esto, Valencia llama a tener mesura y no pretender llenar el vacío que deja el hijo fallecido con el nacimiento de otro: “Es importante que no se tome a la ligera la decisión de tener otro bebé (…). Un hijo que venga por esa decisión repentina puede no sólo no disminuir el dolor y la pena sino incluso aumentarlos añadiendo el miedo y la angustia como nuevos compañeros de la vida diaria”.
La muerte como el fin de un ciclo
No son pocos los que creen que la muerte implica nunca más volver a ver, ni sentir ni compartir con la persona que dejó este mundo. Sin embargo, existen evidencias y experiencias que señalan lo contrario.
Varias religiones e incluso corrientes espirituales afirman que la muerte es sólo el término de una etapa, pues cada ser humano viene a cumplir a la Tierra un objetivo y a obtener un aprendizaje; cuando esto termina, debe volver a su lugar de origen.
“La evolución es la historia del progreso del espíritu en el tiempo. En todas partes (…) vemos que el sendero evolutivo es una espiral. Cada vuelta de la espiral es un ciclo. Cada ciclo se sumerge en el próximo y las espirales son continuas siendo cada ciclo el producto mejorado del precedente (…)” comenta Max Heindel es su artículo Teoría sobre la vida y la muerte.
Brian Weiss es un siquiatra conocido por sus libros sobre terapias de regresión. En ellos, cuenta las experiencias de pacientes tratados y cómo algunos de ellos volvían a coincidir vida tras vida con familiares, amigos u otra gente relevante. Estos testimonios aportan a la idea de que la muerte no implicaría decir “adiós” sino sólo un “hasta pronto”.
La muerte de un hijo es una de las pruebas más difíciles de superar. El cómo hacerlo va a depender de cada persona. Lo importante es buscar los medios para retomar el diario vivir lo mejor posible y pensar que quien ya no está presente físicamente estará en otro lugar esperando ver a sus padres levantarse y volver a abrazar la vida.
