El diamante es uno de los minerales más apreciados y buscados en la actualidad por el ser humano. Esta piedra preciosa es usada en joyería y como filo cortante en diferentes tipos de maquinaria gracias a su excepcional dureza, su origen continúa teniendo ciertas incógnitas.

Estructura de los diamantes y el por qué de sus colores

Este mineral está formado por una red de átomos de carbono que se enlazan de forma tetraédrica, es decir que cada átomo de carbono tiene por vecinos otros cuatro átomos de éste elemento. Esta estructura es la que hace que el diamante sea el mineral de mayor dureza, lo cual permite que pueda ser utilizado en máquinas industriales.

Si en el proceso de formación de la preciada piedra se introduce en su estructura algún otro elemento, llamados inclusiones o impurezas, o se produce un defecto en la misma, el mineral puede adquirir algún tipo de tonalidad. Los colores que se presentan en los diamantes son variados (azules, naranjas y negros están dentro de sus variedades) y pueden definir su valor en función de la rareza del color. Asimismo, si la estructura es perfecta, el diamante será transparente.

Para la formación del diamante es necesaria una presión muy alta

Es precisamente en la estructura donde se diferencian el diamante y el grafito, otra forma mineral del carbono en la que los átomos se disponen en láminas. Esta diversidad en la estructura del carbono viene dada por los requerimientos para la formación del diamante y del grafito. En el caso del diamante, los requerimientos apuntados por los científicos para su formación son de unos 1000ºC y unos 50 kilobares, o lo que es lo mismo 50.000 veces la presión atmosférica de la Tierra.

Así, las condiciones de presión y temperatura necesarias para que se formen los diamantes se dan aproximadamente a ciento cincuenta kilómetros bajo la superficie. Sin embargo, el proceso de formación continúa siendo objeto de debate.

En las kimberlitas aparecen los diamantes de forma más abundante

Los científicos conocen los requerimientos para la creación del diamante y que éste aparece, casi en exclusiva, en un tipo de rocas denominadas kimberlitas, que, a su vez, se engloban dentro de las rocas plutónicas (rocas originadas bajo la superficie de la Tierra por procesos de enfriamiento del magma). No obstante, no todas las kimberlitas contienen diamantes, tan sólo aparecen en una pequeña parte de éstas.

Estas rocas tienen una estructura de cono invertido, reflejo de una chimenea profunda por la que el magma ascendió en el pasado y se solidificó. En estos conos es donde se encuentran la mayor parte de diamantes que se extraen en el planeta, aunque los geólogos no tienen claro si se formaron en la propia roca o son materiales arrastrados de zonas más profundas de la Tierra. En cualquier caso, el carbono necesario para la formación del diamante parece proceder del manto superior, la región en la que se originan.

Las kimberlitas se originan, por tanto, a más de ciento cincuenta kilómetros de profundidad y aparecen generalmente en los cratones, zonas de corteza continental estable desde hace cientos de millones de años y donde se encuentran las rocas más antiguas del planeta.

El diamante también aparece en rocas sedimentarias y en impactos de meteoritos

Otras rocas en las que se pueden encontrar diamantes son las lamproítas (otro tipo de rocas plutónicas) y en depósitos sedimentarios en los que se han acumulado tras ser erosionada la roca original, en este caso una kimberlita o una lamproíta. Además, también pueden formarse diamantes en los impactos de meteoritos gracias a las altas presiones y temperaturas que se producen en el choque.

Tras el largo proceso de formación de los diamantes, lo que queda por hacer es recoger estas piedras preciosas en cualquiera de estos depósitos, tallarlas en los talleres de joyería, comprar el diamante y disfrutar de uno de los minerales más preciados, ya sea en relojes de lujo u otro tipo de interesantes joyas.