El gusto es una de las cosas que sienten los seres humanos y es la base de la reproducción misma, pues esa es la manera por la que comienzan las personas que se unen.

Cuando alguien es del agrado de uno, es imprescindible saber si la persona siente lo mismo, pero muchas veces la vergüenza, el temor al rechazo y algunos parámetros sociales impiden una investigación más atrevida.

Este tipo de situaciones de incertidumbre suele ocurrir en el medio de los adolescentes y jóvenes, pero también en las personas adultas, porque muchas veces no se recibe la señal esperada para atreverse a dar el primer paso para tener algo más.

Las primeras preguntas que surgen son "¿Será que le gusto?" cuando alguien agrada y "Creo que no le gusto", que es el modo pesimista que significa el temor a no poder llegar más allá.

Sin embargo siempre hay una señal, diferente en cada caso, pero siempre la hay; pues cuando la atracción es mutua, la química corporal es la que se comunica más que el habla o la actitud.

Se deben analizar algunas pautas para sacar una conclusión. Cabe destacar que algunas cosas suelen prestarse a confusión, por eso hay que estar bien atento, con los pies puestos sobre la tierra y más que nada muy realista.

La mirada

La mirada es un factor importante a la hora de descubrir a alguien. No se trata de la cantidad de tiempo que una persona mira a otra; sino la forma en que lo hace.

Miradas temerosas, discretas e insistentes suelen dar la pauta de que hay un interés más allá, por eso hay que estar atento.

Por muy discreta que sea la persona para mirar, si está interesada, siempre habrá un momento de descuido, que debe ser aprovechado por quien investiga e interpretado también.

A veces las miradas pueden ser porque la blusa está manchada, porque se tiene algo en el rostro o por cualquier acontecimiento que llame la atención, por eso es necesario fijarse en la manera.

Hay que distinguir si la mirada es burlesca, curiosa, molesta o perdida para tener una idea de si hay o no gusto.

Si la persona casi no mira o no lo hace, es una mala señal porque eso significa que podría no haber interés y la persona no se está dando por enterada de la presencia de uno.

La actitud

Sería bueno acercarse a la persona con una excusa para preguntarle algo. La forma de contestar, de hablar, las mímicas y el tono de voz pueden decir mucho.

Tonos de voz suaves y un tanto temerosos pueden dar pauta de que hay un gusto de por medio. Tonos serios, oscos o indiferentes dicen todo lo contrario.

No hay que confundir amabilidad con coquetería, por eso hay que identificar bien cuál de las dos cosas es al momento de hablar con esa persona.

El lenguaje corporal

Esto es lo más importante. Hay que estar atento en la cercanía de la persona y tratar de sentir lo que dice la persona con su lenguaje corporal.

Es un poco difícil explicar, ya que cada persona tiene su lenguaje, pero cuando hay atracción normalmente se siente en la cercanía.

Si la persona se inquieta, se turba, se vuelve un poco frenética e intenta disimular las anteriores reacciones, hay un 90% de seguridad que existe el gusto y es ahí cuando se puede actuar.

Si la persona se muestra completamente normal, no demuestra perturbación y puede mantener cercanía o diálogo sin alterarse en lo más mínimo, entonces hay que preocuparse, pues lo más probable es que no haya ningún tipo de emoción escondida.

No hay que olvidarse que en cualquier declaración, aun cuando haya la seguridad de correspondencia, hay una probabilidad de rechazo que debe ser afrontada.