Las agresiones, ofensas y malas experiencias que vivimos en algún momento de nuestra vida dañan, hieren y afectan irremediablemente nuestra paz y nuestra salud física y mental, si nosotros lo permitimos. Todos hemos sido agredidos u ofendidos alguna vez de manera intencional, por alguna situación de conflicto no resuelts, o aun desintencionadamente, y esas desagradables experiencias, las vamos guardando en lo más profundo de manera inconsciente aunque creamos habernos liberado de ellas.

Cuando eso pasa se generan en nuestra vida diversas sensaciones de malestar, resentimiento, rencor, rabia, odio, y en algunos casos, hasta venganza. Aunque muchas de estas malas experiencias pueden ser verdaderamente horrorosas como agresiones físicas graves por parte de alguien a quien amamos, tales como violaciones, abuso sexual o cualquier tipo de agresión física o sicológica, en muchos de los casos las ofensas o situaciones desagradables no pasan de ser nimiedades que ni vale la pena tenerlas en cuenta.

Como se genera el rencor

Cuando esas malas experiencias se acumulan en nuestro interior, generalmente pueden ocasionar sentimientos de rencor. El rencor es un sentimiento de enojo profundo y persistente. Es un resentimiento arraigado, desequilibrante y tenaz que enferma no solamente el cuerpo y la mente, sino también el alma y cuyos efectos pueden causar serios daños en la personalidad y el carácter del ser humano. Pero para evitar esos males tan dañinos a nuestra tranquilidad física y mental debemos aprender a perdonar, porque la falta de perdón hace que seamos infelices.

Terapia del perdón

Mucho se habla acerca del perdón y para muchos es difícil hacerlo pero a veces lo más difícil es entender el proceso que hay que efectuar para lograrlo. La siquiatra clínica María García de la ciudad de Miami, explica claramente los cuatro pasos que debemos seguir para aprender a perdonar, liberar y sanar el alma del rencor.

  • Aceptar el evento que nos daña y aceptar quien nos ha dañado. Este paso es supremamente importante según ella explica, porque muchas veces nos negamos el hecho y eso en vez de mejorar impide sanar. Esta es la etapa de la confrontación con nosotros mismos de haber sido ofendidos, dañados o de algún modo afectados.
  • Desprenderse emocionalmente del hecho. En esta etapa debemos desarraigarnos del evento, reconociendo que aunque fue muy doloroso ya pasó y no puede dañarnos más. Para lograr este paso es muy importante e imperante, estar lejos del agresor o autor del evento, no solamente para evitar que le siga dañando, sino para que su presencia no le recuerde y reviva el daño causado. Esta etapa puede durar largo tiempo, pero varía, dependiendo de diversas circunstancias.
  • Perdonar en sí mismo. Esta es ya la etapa de perdonar, que implica recordar el hecho sin dolor, sin rabia, ni resentimiento. Es en esta etapa donde el alma es liberada del rencor y vuelve la paz. Sin embargo, ella aclara que existe un perdón sin reconciliación, que consiste en mirar al agresor sin resentimiento pero sin relacionarse nuevamente, puesto que ya se ha lacerado la confianza.
  • La misericordia: Esta sería pues la fase final de la terapia del perdón y consiste en el desprendimiento total del evento de agresión. En esta fase la víctima se libera de tal manera que se encuentra en capacidad aun de ayudar a su agresor si puede hacerlo en algún caso, pero lejos de él.