La motivación grupal de un equipo de trabajo o de los empleados de una empresa pasa por cómo se siente motivado cada uno de los individuos que componen el grupo. Desde luego, serán básicos el buen ambiente laboral, la afinidad de metas a alcanzar, y la formación o habilidad específica para cada trabajo a realizar, pero impulsar a cada persona hacia ese logro común es la prioridad del líder.

Motivación y personalidad en la estructura laboral

Hay diferentes clases de personalidades, por lo que hay diferentes modos de sentirse motivados. Un buen líder tendrá en cuenta estas personalidades para saber estimular la mejor voluntariedad en cada colaborador o empleado. Así, encontramos tipologías como las siguientes:

  • El líder- Precisa disponer de un grupo al que conducir y con quien expresar sus dotes de dirección. Se motiva, pues, estando al cargo de personal que no sepan trabajar solos pero rindan en equipo y recibiendo el reconocimiento por su labor siempre en privado
  • El entusiasta- De personalidad inquieta, rendirá sintiéndose encargado de funciones que precisen de alta energía. Se motiva con trabajos muy sociables y recibiendo como reconocimiento invitaciones a eventos, fiestas, salidas de empresa, etc.
  • El tranquilo- Es la clásica persona que solo necesita que todo esté en orden para un buen funcionamiento y tiene la paciencia de conseguirlo. Se desenvuelve eficazmente resolviendo toda clase de conflictos o alcance de acuerdos.
  • El observador- Le motiva toda labor que requiera búsqueda o investigación, objetivo que desempeñará perfectamente con tan solo ofrecerle el tiempo que precise para ello, sin presiones.
  • El independiente- Es quien se implica más en labores donde pueda destacar él solo. Le motiva el reconocimiento y agradecimiento del resto del equipo por su esencial labor individual.
  • El participante de equipo- Se involucra en cualquier actividad que requiera formar parte de un grupo o equipo, o conducirlo. Se siente competitivo como líder, llevando unido a su grupo hacia el objetivo y recibiendo la consideración de todos por ello.
  • El alcanzador de metas- Necesita el estímulo de alcanzar altas metas u objetivos, por dificultad que representen. Se motiva con la valoración positiva y pública por su éxito de conseguir resolver los retos.
  • El perfeccionista- Se identifica con la resolución de funciones de alta responsabilidad. Agradece y se motiva con la alta confianza depositada en él por sus superiores y el reconocimiento de su efectividad al cumplir reglas y desarrollar planes de actuación.
  • El asistencialista- Se desenvuelve en labores que precisen de alta sociabilidad. Se motiva con el más simple gesto de simpatía y valoración de su actividad.
El nivel de acercamiento del líder o responsable del grupo a cada uno de sus subalternos, marcará la efectividad de estas pautas de motivación para cada personalidad.

Modos del líder para motivar en el trabajo

A las anteriores valoraciones habría que añadir los ya conocidos y frecuentemente utilizados métodos, como el estímulo mediante otros incentivos, económicos o de otra índole. Hay personas que trabajan con satisfacción y eficacia simplemente por un buen salario o remuneración económica, pero la mayoría requieren de algo más cercano a su emocionalidad. El enfocar al grupo hacia la consecución entusiasta de un objetivo común pasa por la necesidad de hacerles sentir no solo parte de ese futurible logro, sino parte esencial para el fortalecimiento del propio grupo.

Básicamente, ésta sería una de las dos fórmulas para la motivación en el trabajo. La otra, demostradamente ineficaz aunque ampliamente utilizada durante muchos años, es la llamada “motivación de huida”, que consiste en dejar en desventaja la labor de un empleado frente al resto, para motivar su eficiencia mediante el ridículo por comparativa.

De ese modo, el sujeto no querrá sentirse nunca más el objeto de atención por bajo rendimiento e intentará, supuestamente, esforzarse más por superar sus logros laborales. Diversos estudios demuestran, como decíamos, que este método es altamente dudoso y lleva frecuentemente al efecto contrario del pretendido, provocando, por la alta presión negativa y la desubicación del grupo, serios trastornos en el individuo objetivo y disminuyendo tanto su capacidad de concentración como de motivación por el trabajo.

El trabajo del líder

Para un buen líder, la necesidad de su equipo no debe ser demostrar individualmente que son aptos, sino la consecución satisfactoria del objetivo común, mediante la interacción efectiva de varias personas. Pese a las diferencias particulares ante el modo de actuar en el trabajo, todos podemos desempeñar cualquier labor, estando motivados y sintiéndonos satisfactoriamente integrados en un grupo o equipo.

Conocer las prioridades personales de cada componente de su equipo, facilita la labor del líder y le hace ganar la confianza y estima de todos ellos, lo cual conlleva el éxito de cualquier proyecto.

En palabras del doctor y conferenciante especializado en liderazgo, Mario Alonso Puig, “un líder no es quien manda, sino quien inspira”.